El motivo del cambio

31/08/2006

Experimentos sexuales - Parte I [Mi Vida, Sexperiencias] — escrito por Void a las 15:48:33

Estoy a oscuras en mi habitación, tumbado sobre la cama con los ojos como platos, intentando vislumbrar un ápice del sueño, que ya no tengo, pegado a alguna pared o esquina en la que no haya mirado antes. Pero mientras lo hago no dejan de venir a mi cabeza todos los polvos desaprovechados que he tenido hasta ahora, mientras me maldigo por ello. Soy consciente de que esta situación se debe a que llevo 4 días desde que me propuse renunciar a cualquier tipo de sexo durante una temporada, pero mi cuerpo ya está ardiendo. Supongo que en esta materia, más que la propia necesidad física, impera más el tabú, lo prohibido, esa huella psicológica que marca a toda persona que intenta abandonar un vicio. Qué se le va a hacer, no es la primera vez que intento semejante locura, la última vez sólo fueron tres días (claro que aquella vez, y con tal oportunidad, no hacerlo hubiese sido de necios).

Algunos pensarán que eso de renunciar voluntariamente al sexo, tal y como está el tema por estas tierras, es una soberana gilipollez, para qué nos vamos a engañar, yo también. Pero desde que vi la película de “40 días y 40 noches” me pica la curiosidad. No es que piense que si uno estuviese 40 días a pan y agua (o ni eso) acabaría con erecciones permanentes y atándose a la cama para no recurrir al onanismo compulsivo, pero que sí que me gustaría saber es qué pasaría si libero a mi cerebro de esa carga que ocupa el 90% (por tirar por lo bajo) de su proceso. Quién sabe, a lo mejor alcanzo la iluminación mística y divina, o me acabo volviendo loco (si es que no lo he hecho ya al publicar este artículo y poner en marcha el experimento).

Siempre me encantó joder, follar, practicar el sexo, hacer el amor o cualquier otro sinónimo (aunque no signifiquen realmente lo mismo, al menos en mi cerebro). He disfrutado como un cosaco dando placer a mis parejas, siempre busqué más sus orgasmos que el mío propio. Y si ahora hago esto es porque creo que no me estoy perdiendo nada especial. Últimamente los polvos que he tenido han sido más bien fríos, distantes. Empiezo a pensar que me estoy haciendo mayor y aprecio más el encontrar algún sentimiento entre las sábanas que gemidos; por lo visto, siempre me gustó más hacer el amor que follar (por si nadie se había dado cuenta todavía: soy un sentimentaloide romanticón).

De hecho, hace ya bastante tiempo desde mi último buen polvo…

3/08/2006

Insomnio [Mi Vida, En el Abismo, Sexperiencias] — escrito por Void a las 04:16:28

Mis labios se cierran en torno a uno de tus pezones y escucho un primer suspiro ronco, al tiempo que echas la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda, como si quisieras descubrir aún más tus pechos, ya no despejarlos de la ropa que ahora cubre el suelo, el sillón, la cama… si no de ataduras, de prejuicios sociales, de pecados católicos, de moralidad, de razón. Separo mi boca de tus senos justo lo suficiente para que notes mi aliento al tiempo que elevo mi mirada hacia tus ojos que me devoran cargados de deseo, exigiéndome que siga. Y lo hago un rato más, hasta que los jadeos se hacen más frecuentes hasta casi convertirse en gemidos.

Bajo poco a poco por tu vientre, con mi lengua y mis labios recorriendo cada milímetro de tu piel, saboreando tu placer, con el resto de mis sentidos analizando tus reacciones: escuchando tu respiración entrecortada, sintiendo como tus músculos se tensan y tiemblan según voy descendiendo. Lo hago despacio, sin prisas, dejando que el deseo se adueñe casi por completo de ti, hoy no tengo prisa, esta noche es para ti.
Bordeo tu sexo, prefiero desviarme hacia tus caderas, me encanta como te pones nerviosa, ansiosa, deseando que acabe de jugar, pero aún llego hasta tus rodillas, para volver por el interior de tus muslos hasta tus ingles. Al principio comienzo con besos suaves que voy transformando en mordiscos según me voy acercando. Separas más tus piernas para dejarme y yo al final llego y te recorro con mi lengua, de arriba abajo, y lo repito unas cuantas de veces más hasta que por fin me centro en ese punto.
Me ayudo de mis dedos que acompañan a cada movimiento de tu cuerpo rítmicamente. Tus caderas ya se han descontrolado y se mueven frenéticamente. En la habitación ya no existe nada ni nadie y se va llenando poco a poco con tus gritos y tu placer.

Me agarras fuertemente la cabeza, casi sin control, clavándome las uñas en la nuca, mientras me aprietas contra ti con más fuerza.

Noto como estallas y caes rendida mientras pequeños temblores recorren tu cuerpo acabando el la punta de los dedos de tus pies.

Tus manos vuelven a coger mi cabeza, esta vez con ternura, no con pasión. Guiando mi boca hasta la tuya. Nos besamos, te miro, despeinada, sudorosa, con los ojos encendidos llenos de ese brillo tan especial. De nuevo, vuelves a estar más bella que nunca.

5/01/2006

El libro [Mi Vida, Sexperiencias] — escrito por Void a las 02:13:34

La tensión se ha apoderado de mi cuerpo. Agarro con fuerza el volante y trato de suavemente vencer otra vez más a la inercia que me empuja contra la valla. Fuera se escucha el rugir de motor de “Labio Partido“. Piso a fondo el acelerador y con un serpenteo rápido salgo de la curva. Mira en el cuadro de mando, las revoluciones se están acercando a la línea roja, casi 4500. Los 64 caballos no dan más de sí. Surcando la noche a 180 km/h sólos Labio Partido y yo y…

CROUNCH!!!

Y también Phoenix comiendo palomitas.

CROUNCH!!!

Con ese ruido es difícil concentrarse y además están las luces de los coches que vienen de frente. Algún día yo seré una de esas víctimas que aperecen en los telediarios, dicen que en esta vida elegimos hasta nuestra manera de morir.

Mierda!!! Un camión se ha puesto a adelantar casi cuando estaba a punto de sobrepasarlo. De ésta no salgo, no hay tiempo para pensar, son milésimas de segundo las que separan la vida de la muerte. Sólo hay cabida a los instintos. Pisotón fuerte al freno para soltarlo poco a poco y así no perder el control de la dirección, mientras reduzco a cuarta para retener potencia con el propio motor. Mi corazón se va a salir del sitio y mi pie tembloroso trata de acercarse de nuevo al acelerador. Miro a Phoenix mientras con la boca llena de palomitas dice:
- Será Cabrón!!! Pítale y dále las largas!!”
- Claro, no he tenido otra cosa mejor que hacer con las manos que ponerme a pulsar palanquitas.
Ni se ha inmutado, normal, me ha visto salir de situaciones peores y ahora tiene cierta tranquilidad cuando voy al volante. Esto para él ya es como si fuese una película.

CROUNCH!!!

Hemos salido tarde, es bastante dudoso que lleguemos a tiempo a Alicante antes de que FNAC cierre. Y lo peor sé que no va a ser la autovía, lo peor será el tráfico de la ciudad, y más un día 4 de enero con gente ultimando compras de reyes. He hecho un cálculo rápido, llegaremos a la entrada de Alicante a menos veinte y el centro comercial, según su página oficial cerrará a las diez en punto. Demasiados semáforos y un tráfico muy denso como para recorrer la ciudad, sólo un milagro hará que lleguemos a tiempo.

Phoenix quería comprarle el DVD de la gira de los Coldplay a su hermano como regalo y ya habíamos mirado en todos los centros comerciales y tiendas en ciudades adyacentes a la nuestra. Y yo, pese al firme propósito de no comprarlo hasta no recibir mi primer sueldo por página web realizada, esa misma tarde, había decidido que no iba a esperar más. Casi era un compromiso dentro de la blogsfera. Así que fuimos al FNAC porque sabíamos que allí calmaríamos nuestra fiebra consumista.

Llegamos a Alicante y ocurrió el milagro: calles vacías, muy poca gente paseando y muchos menos coches. Seguimos rectos. Subimos hasta la estación de trenes, giro a la derecha hasta el Parque de Los Luceros. Vuelta a girar a la derecha con afán de entrar en el parking del centro comercial y… Algo impensable, aparcamientoS en plena calle. Sí, aparcamientoS con s mayúscula. Estaba claro que los hados querían que fuera mío.

Entramos, lo hemos conseguido, estamos dentro. Casi no quepo en mí de felicidad, lo había conseguido. Pero aún quedaba comprobar si habrían existencias. Empiezo a buscarlo por las secciones de autoayuda pero no lo encuentro, la duda empieza a apoderarse de mi, así que me acerco a uno de los empleados, es una chica.
- Perdona, estaba buscando un libro…. SEXPERIENCIAS.
- Ummmhhh, SEXPIRIENCES, sígueme.
La manera de llamarlo y su mirada la delata, nos reconocemos, ambos sabemos que somos bloggers. La observo, vistazo rápido: morana, rondando el metro sesenta, y bajo ese uniforme percibo cierta sensualidad en sus curvas. No está mal, pero no sé me ocurre qué decir, así que decido callarme y seguirla hasta lo que he ido a buscar esa noche.
Me conduce hasta un lugar algo apartado, falto de iluminación. Nos acercamos a una especie de mesa con un montón de libros mal distribuídos. Aparta un par y bajo ellos hay un ejemplar que me lo alarga, ya es mío. Miro la pila de libros y advierto que pese a su mala de colocación sólo quedan dos ejemplares más (Milena ha hecho un buen trabajo de difusión).

Vuelvo con Phoenix, él también ha encontrado su trofeo. Se escucha una voz por megafonía: “FNAC le recuerda que cerrará sus puertas dentro de diez minutos, rogamos agilicen sus compras”. Nos miramos, comprobamos que cada uno tiene lo que quería y nos dirigimos gozosos a pagar en caja.

Un momento redondo, sólo faltó acabar en compañía femenina aquella noche. Bueno sí, a la vuelta quedamos con una amiga, pero para jugar al billar (no se puede tener todo).

Ladies and Gentlemen, les presento al protagonista de la noche:

Sólo falta empezar a leerlo. Así que guste o no a los lectores de este blog y a la escritora del libro, en cuanto haga los deberes, colgaré una crítica del mismo.

15/11/2005

Mi infidelidad [Mi Vida, Sexperiencias] — escrito por Void a las 11:24:36

Ocurriría hace unos tres años aproximadamente. Por aquel entonces estaba estudiando en Al-Basit por lo que los fines de semana los pasaba a bordo de los trenes que me acercaban a ver a mi familia ya la que por aquel entonces era mi novia.

Era un sábado por la mañana como otro cualquiera. Los auriculares resonaban en mis oídos mientras comptemplaba como se iba sucediendo el paisaje al paso del tren. Levanté la mirada y me encontré con la suya. Unos cuantos asientos en frente, al otro lado del pasillo estaba ella, sentada junto a su madre.

Por lo general, en otras ocasiones me hubiese mostrado, nervioso, inquieto, comprobando si mi cremallera estuviese abierto o cualquier otro descuido que provocase esa atenta mirada. Pero aquel día no. Centré mis ojos en los suyos durante unos segundos. No apartó la mirada, a ella le gustaba ese juego, el descaro, la provocación. Mi curiosidad quería saber hasta dónde podría llegar aquello.

Su madre se debatía entre el sueño y la vigilía, con su atención recayendo sobre la ventana del vagón. Así que fui yo quien empezó a mover ficha. Comencé a bajar mi mirada muy lentamente, centímetro a centímetro, siempre consciente de que mi descaro era seguido por sus ojos. Me detuve a contemplar lo que el escote de una camisetilla blanca de tirantes dejaba entrever y bajé hasta comtemplar cómo su sandalia se balanceaba divertida sobre la punta del pie que cruzaba por encima de la otra pierna. Volví a subir hasta sus ojos, para que esta vez fuese ella quien hiciese lo mismo conmigo. No me hizo falta observar como me recorría con su vista para sentirla, para conocer su camino. La notaba como si me estuviese recorriendo con sus labios. Cuando nuestras miradas volvieron a encontrarse, sus ojos habían tomado un matiz distinto, un brillo especial: deseo. Se mordió el labio inferior con cara de traviesa para luego recorrer con la punta de su lengua el contorno de los mismos.

Nuestros cuerpos sentían una espcial atracción el uno por el otro, deseaban encontrarse, sentirse.

Me levanté y me dirigí al aseo, ni un solo gesto, ni una insinuación más. Al poco apareció ella, yo la estaba esperando. Entró, cerró la puerta, y nos precipitamos, el uno sobre el otro, dejando que nuestros labios fuesen lo primero en tocarse. Así, sin mediar una palabra, ni una pregunta. No era necesario. Lo único que quieríamos saber el uno del otro estaba bajo las ropas.

Y así debería haber ocurrido si no hubiese cerrado la puerta del baño con pestillo. Vi como la manivela giraba, pero no abrí. Sabía lo que me jugaba: “El amor de una vida por unos momentos de vacío placer, de simple sexo”. Eseperé unos segundos para salir, lo suficiente para verla volver a su asiento. Ahí acabó todo, no más provocaciones, no más miradas, y yo, de nuevo, absorto con mi música.

Ahora el amor no se perfila para toda la vida y ya no sigo saliendo con aquella persona. Y pese a las críticas que he recibido por parte de mis amigos, no me arrepiento de nada. Fui consecuente con mis pensamientos y no me tengo que reprochar nada. Cada vez que surge el tema de la infidelidad me miro con orgullo (aunque a veces pienso que con estupidez).

Mi concienca está tranquila, pero, ¿y la vuestra?

¿Qué habríais hecho?

P.D. Espero que Milena no me pida derechos de autor por el nombre de esta nueva categoría.

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