7/06/2007
A veces tengo la sensación de ser una copa de cristal finísimo, capaz de entrar en resonancia y vibrar conjuntamente con todo lo que me rodea, y tal vez por eso, me dio por forrarme con poliestireno expandido. La verdad es que dentro del embalaje se está de puta madre. Así ocurre, que de tiempo en tiempo, se me olvida que fuera sigue habiendo una vida con la que ir llenándose para volverse a vaciarse de nuevo (por favor, tratad de leer esto con la mayor seriedad posible). Pero sigo teniendo miedo a romperme cuando el sonido es tan agudo como para dañar los oídos. Tengo miedo de quebrarme porque jode bastante ir recomponiendo todos los pedazos. Miedo, ja! estúpido sentimiento colado en nuestro ADN como defensa para perpetuar la especie. Sí, estúpido, irracional, pero seguimos estando indefensos ante él, pasan los años y estos nos sirven para apaciguar los temores, aunque sea cierto que han ido cambiando de forma (el hombre del saco ya no es enemigo).
Sigo siendo frágil por necesitar un embalaje, por a veces pensar en el camino fácil, el rápido, y esconder la cabeza. Soy frágil porque me siento incompleto, porque mis amigos son más importantes de lo que nadie piensa. Soy frágil porque la estupidez que veo día a día todavía es capaz de descentrarme lo suficiente como para estar escribiendo esto en vez de estudiar para el examen de mañana. Tal vez por eso sigo necesitando mi corcho blanco, porque evita que consiga vibrar con las ondas que emiten algunos gilipollas, todos ellos forrados en su papel de burbujas del que ni si quiera se han despegado una sola vez, y no por miedo a romperse, sino porque ni si quiera han sido capaces de ver que lo llevan puesto. Ellos no vibran, no sienten lo que les rodea, no temen a romperse porque nunca han sabido qué es un golpe. Sólo de vez en cuando, ante la repentina muerte de un colega al volante, han visto a lo lejos algo que se astillaba y han saltado con lágrimas que iban más allá de la comprensión de la vida y del dolor, alardeando de sufridores, de empáticos, de haber soportado el dolor de Cristo cuando estaba en la cruz. Cuando ellos quieren un coche compran el más caro y grande, cuando cagan, cagan oro y sus bellezas doradas inundan todos los retretes hasta desbordarlos. Cómo iba a ser si no su dolor cuando sufren.
Copas envueltas de papel de burbujas, copas que nunca entederán su cometido porque nunca fueron llenadas, incapaces de percibir un armónico. A fin de cuentas, copas tan sólo preocupadas porque el borde que las bañaba pierde su color.
25/05/2007
Puedo vivir sin saber lo que es un quásar o cuál es el sentido del spin de un electrón. Sin conocer la magnitud de la galaxia o el porqué de nuestra existencia. O si ese Dios católico con una barba tan luenga y blanca tienes pelos en los hombros y canas en los pezones. Pero hay otro montón más que el no conocerlas me mata, me ahoga. Como tus lágrimas que aullaban silenciosa culpabilidad, las motivaciones subyacentes tras un montón de decisiones, o el saber qué hubo detrás de ciertas palabras nacidas en un momento no deseado. Por qué no hay ni si quiera amistad en esas cenizas que sólo dibujan tensión.
Malo es hacerse ciertas preguntas cuando a su vez lo único que ronda por tu cabeza son los remordimientos post-atracón a helado de chocolate mezclado con fresas troceadas. Pero ciertas escenas televisivas me han hecho, más que recordar, revivir, y volver a desear partirme la mano derecha contra la pared. Y así dejar que las doctoras de falsa moral puedan mirarme con desprecio, para luego negarme la asistencia médica y, que de esa manera, vuelvan a casa a dormir bien, sabiéndose haber dado su lección a un maltratador.
Sí, el desconocerte me mata, y será verdad que me hago viejo, porque en vez de concentrar toda la frustración en un enorme bola para hacerla reventar contra algo de manera violenta, sólo puedo dejarla salir en forma de un halo invisible que me rodea y que se escapa a través de los poros de mi piel, hasta que ya no vuelva a quedar nada de eso, y siga mi vida, mirando hacia un lado donde no hayan incógnitas que sean capaces de hacer tambalear mi rumbo. Porque seguro que Dios, con esa pedazo barba, tiene pelos en más partes que el resto de los humanos.
25/02/2007
Siempre que te cruzas en mi vida, algo cambia. Todo lo que me rodea se desmorona dejando pasar de nuevo la luz, para que pueda ver con más claridad lo que realmente importa, algo así como una gota de fairy en una sartén hasta arriba de mierda, un mínimo roce y la grasa se aparta. Y entonces recuerdo el porqué hago lo que hago y qué me trajo hasta aquí. Recuerdo el blog. Recuerdo porqué me gustaba tanto acelerar, cambiar de marcha, correr y dejarme llevar por la velocidad, como un niño malo desobedeciendo aquello que no te gustaba y que trataste de encerrar en un cajón, para quedarte con un despojo bonito: decorativo, pero inútil y molesto para quitar el polvo. Aunque no me acuerdo si el que empezó a encerrar cosas fuiste tú o yo (tratando de prolongar lo inevitable), a buenas horas he oído a mi padre aconsejarme que nunca hay que darlo todo.
Mi hermana me dice que justo hace una semana te vio y que no la saludaste. Ibas demasiado ocupada persiguiendo a corre prisa a ese facha que tienes por novio, para coger el tren, mientras musitabas un enfado hacia tus adentros. Jejeje, me resultan esos mini enfados tan familiares. Siempre fuiste demasiado trágica para según qué cosas y seguro que acabaste convirtiendo en una enorme pelota de odio un simple retraso.
No soy tan perfecto, ni tengo una moral tan elevada. No puedo evitar sentir cierto placer sádico sabiendo que tu elección no fue tan buena. Pero mira, por ese sentimiento que arranca desde la parte más oscura y primitva de mi ser, no hago más que sermonearme sabiendo que alegrarse por el dolor ajeno, por mucho que te haya infligido esa persona (directamente o indirectamente), no está bien. Pero también es cierto que en parte me alegro por mi, por haber “madurado?” algo y dejar de lado esas falsas broncas a las que parece que aún recurres con frecuencia para tratar de llevar siempre tu vida por el camino recto.
Por mucha mierda que haya escrito, lo de antes no son más que palabras, que poco pueden hacer frente a otros sentimientos y a experiencias vividas. Las sonrisas de capullo que cuadro perfectamente a veces, sólo consiguen camuflar malamente el hecho de que, con facha imbécil o no, siempre te desearé lo mejor y la mayor de las felicidades.
Y yo… mientras… pues no sé, supongo que buscando mi propia felicidad, tirando con dos cojones con una carrera que psee, pero que al menos entretiene y resulta a veces divertida. Y bien alejadito de mujeres, sabiendo que la única que podría haberme hecho olvidarte anda un tanto lejos de mi casa.
En fin, parece que nada está tan superado como esperaba y seguramente algún día me ponga treméndamente nervioso al cruzarme contigo al doblar una esquina. Parece que aún tienes algo de poder, y sin vernos consigues que me ponga a escribir de nuevo.
22/01/2007
La una menos cuarto y se cierra la puerta del bar tras de mi. Alzo la boca al cielo y exhalo un brizna de aire para ver como se condensa en forma de vaho, lo cual me indica que estamos por debajo de 10º.
El trabajo podía haber sido peor pero los pies me arden a rabiar. Y aún me queda un camino diez minutos hasta casa, paseando por calles vacías.
A cada paso, un pinchazo da la sensación de estar caminando entre brasas. Si ahora apareciese un tio medio desnudo, con la piel roja y dos cuernos gritándome bienvenido al infierno, el mayor foco de atención que podría dedicarle no pasaría de pedirle un cigarro, y ya que estoy, algo de fuego.
Un paso, otro paso, otro pas… y giro mi cabeza hacia arriba y la izquierda, hasta que consigo vislumbrar una ventana. Entonces mi mente salta de mi cuerpo y comienza un viaje al interior de esa casa, recordando cada objeto, cada persona que en ella habitaba, cada momento de felicidad…
Mientras mi mente vive por un lado, mi cuerpo continúa por el otro, y una mano aprieta, dentro del bolsillo de la chaqueta, un móvil, deseando poder llamar y escuchar una vez más una voz con tono consolador.
Un mes, otro mes, otro me… y me sigue pasando después de más de un año. Será crónico doctor?
No es el sexo, también es un recuerdo de casi un año y pasado ese tiempo la memoria ha emborronado esos momentos maravillosos. Es más bien una voz que se despierta entusiasmada en mitad de la noche para escuchar y decirte lo mucho que os queréis. Es, también, volver a saber qué era eso de temer a la muerte (por tu bien y por el de los que te rodean).
El crujido de la carcasa de un móvil trae, casi a la fuerza, a una mente de vuelta al cuerpo. Algún día se quedará atrapada en ese lugar sin tiempo al que llamamos recuerdo, buscando momentos pasados que le den un chute, por pobre que sea, de endorfinas.
Por un instante, un pensamiento: sería fantástico volver a estar junt…
BAH! Un paso, otro paso, otro pas…
20/12/2006
Mi cordura pende de un hilo en noches como ésta. Los gritos de una anciana se cuelan a través del patio de luces hasta la habitación del nuevo piso:
NO ME MATES!!
NO ME MATES!!
A cada grito, una voz suave, tratando de conciliarla, que va creciendo y pasa de un leve murmullo a tono rotundo y tajante:
Ya está bien, eh!
Y entonces… vuelve el silencio, y todo se acaba hasta que le vuelvan a asaltar los delirios o tengan que volver a ponerle otra inyección.
Pero mi mente sigue inquieta, y ya me resulta imposible conciliar el sueño. Cierro los ojos y veo figuras deformadas en mi mente. Veo las caras del miedo y de la muerte, con tal nitidez, que me llevan a pensar que si ahora abriese los ojos, las vería de pie, junto a mi cama.
La visión se sigue desformando y se entremezcla con recuerdos diluídos y aparece mi abuelo, postrado en su silla de ruedas sin poder mover su lado izquierdo y sin poder articular palabra. Sólo gestos, gemidos y muchos noes para hacernos saber a la familia cuáles eran sus necesidades.
A su lado, un niño con el pelo cepillo. Tenía el mismo corte de pelo que Schwarzenegger, porque quería ser como él, parecerse, tener su fuerza. Miraba al hombre de la silla sin alcanzar a comprender su situación, sus sentimientos. Intentaba vislumbrar la humanidad de lo que al principio le parecía un mueble más de la casa. Esos pensamientos los conozco porque ese niño era yo, y creo que esa fue mi primera impresión consciente del padre de mi madre.
Con menos de seis años, compartía mis momentos de ocio, deslizándome por los oscuros pasillos de aquel primero B en Alicante, con ratos de pensamientos profundos acerca de las enfermedades, la muerte, la eutanasia, y por consiguiente, la renuncia voluntaria a la propia vida.
Convertimos nuestra vida en una constante lucha, en un esfuerzo donde todo nos ha de costar algo para aprender a valorarlo: cuanto más fervientemente defendemos nuestros principios y más trabas nos encontramos al hacerlo, más orgullosos nos sentimos de ello. Pero en una guerra así, la tregua puede tardar mucho en aparecer, y si eso ocurre, el cansancio nos puede conducir a plantear soluciones drásticas que pongan de una vez fin al conflicto, arrasaríamos otra vez Hiroshima sin replantear las consecuencias sin con ello creyésemos que se acabarían todos nuestros problemas.
Nos creemos desgraciadamente únicos, incomprendidos, sufridores empedernidos que sostienen el peso del mundo sobre sus hombros. Cada uno víctima de su tragedia, donde los demás son meros figurantes sin un trasfondo lo suficientemente profundo: “qué sabrán ellos por lo que estoy pasando?”
Pero el sufrimiento no es más que un camino, la elección de la desgracia y de la autcompadecencia, a sabiendas que es una educación heredada, un comportamiento de nuestros mayores que esperan, a través de él, llegar a un nuevo sitio donde no existan nuestros temores.
Que sería del suicidio sin la religión, cómo vería nuestro mundo, nuestra sociedad, al individuo que decide negar su existencia, y que decide hacerlo libre de toda presión, de todo miedo, de toda tradición?
Solución rápida? Derrota prematura? Quién eres tú para juzgarme? Cambiémonos los zapatos por algo más que un día, una vida tal vez, pero no lo midas por el desgaste de nuestras suelas, porque la planta de mis pies puede ser más sensible, y desde pequeño no me enseñaron a andar por cristales. Decidir sobre el fin de nuestras propias vidas es la única decisión que puede darnos una falsa sensación de control. Recurrimos a la rutina, siempre tomamos las mismas cosas y frecuentamos los mismos lugares a las mismas horas. Todo ello sólo para reforzar la teoría de que somos dueños de nuestro destino.
Vuelven los gritos, ahora guturales, inteligibles, escapados más allá del dolor de una mujer inmóvil, en su cama, con cefaleas debidas a la tetraplejia y con llagas por todo su cuerpo, es mi vecina del octavo, la que vive justo en el piso de abajo al de mis padres.
Siempre que me cruzo con su familiares en el ascensor, compruebo la magnitud de su sufrimiento a través de su cara, de sus ojeras, de su andar encorvado, de sus miradas que hablan de un deseo de descanso, de terminar con la agonía, por el bien de todos. Pero son católicos, y sólo rezan a Dios para que sea él, quien, con su sabios e inescrutables designios, sea quien ponga fin a todo.
Otro grito, y aparece de nuevo la imagen de mi abuelo, contemplándonos desde su sillón a mi hermana y a mi jugando en el suelo del salón. En sus ojos veo felicidad y el orgullo de quien contempla su obra realizada. La serenidad de sus ojos me llena de tranquilidad, y por fin caigo rendido al sueño alejado de cualquier imagen y pesadilla.
11/10/2006
Demasiado ocupado para escribir algo, demasiado para rememorar el primer “post” que publiqué hará ya un año y una semana, demasiado si quiera, para regalarme un nuevo diseño. Demasiado ocupado para leer, demasiado para cantar, tocar el bajo. Demasiado ocupado para sentirme triste o alegre, a fin de cuentas, demasiado ocupado para vivir mi vida. Y sin embargo, ahora parece más mía que nunca. O mejor dicho, parezco más suyo que nunca. Atado a una idea social, a un mundo donde la ropa sucia ha perdido la magia y la autodeterminación para lavarse, secarse y plancharse por sí misma para luego esconderse en el cajón de un armario. Donde el cansancio te lleva a recurrir al envasado rápido para llenar el estómago con “vueltas y vueltas” y congelados listos para servir en “falsos cinco minutos”.
Vivo atado a una independencia que llena mi libertad con actividades cotidianas. Ya no hay un camino por recorrer, no hay un objetivo de vida, sólo quedan preocupaciones como encontrar el producto quita-grasa del horno con mejor relación calidad-precio en el “super”.
Ahora soy algo más gris y apático, pero no quita que el irse de casa sea un mal necesario inevitable. Mal que, para poder costeármelo, me encarcela a un trabajo que a su vez, por suerte o desgracia, me obliga a volver al pueblo y estar con la familia. Y no ayuda volver a tu habitación dos noches, sentirte querido para regresar a la aséptica relación con los compañeros de piso.
Cada fin de semana, necesito un mínimo de dos horas de concienciación, necesito aspirar aire profundamente antes de asir la maleta y no desmoralizarme al encontrar a mi padre con ataques de nerviosismo tumbado y tiritando en la cama, que aunque nada tenga que ver con mi marcha, siempre te tira para atrás ver así a una de las personas que más quieres en la vida.
ME AHOGO!!!
Me ahogo y no es por salir del nido (porque ya lo hice antes). Me ahogo y no es por la universidad. Me ahogo porque el aire es rancio y mis pulmones no lo quieren, me ahogo porque no sé si fui yo o fue la alegría la que, por voluntad propia, decidió salir de mi vida. Y así transcurren los días, tratando de acordarme qué gracia había en tomar aire, buscando respuestas en libros de filosofía oriental barata, allá donde sé que no encontraré las palabras que necesito oír: “TE QUIERO”.
3/08/2006
Mis labios se cierran en torno a uno de tus pezones y escucho un primer suspiro ronco, al tiempo que echas la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda, como si quisieras descubrir aún más tus pechos, ya no despejarlos de la ropa que ahora cubre el suelo, el sillón, la cama… si no de ataduras, de prejuicios sociales, de pecados católicos, de moralidad, de razón. Separo mi boca de tus senos justo lo suficiente para que notes mi aliento al tiempo que elevo mi mirada hacia tus ojos que me devoran cargados de deseo, exigiéndome que siga. Y lo hago un rato más, hasta que los jadeos se hacen más frecuentes hasta casi convertirse en gemidos.
Bajo poco a poco por tu vientre, con mi lengua y mis labios recorriendo cada milímetro de tu piel, saboreando tu placer, con el resto de mis sentidos analizando tus reacciones: escuchando tu respiración entrecortada, sintiendo como tus músculos se tensan y tiemblan según voy descendiendo. Lo hago despacio, sin prisas, dejando que el deseo se adueñe casi por completo de ti, hoy no tengo prisa, esta noche es para ti.
Bordeo tu sexo, prefiero desviarme hacia tus caderas, me encanta como te pones nerviosa, ansiosa, deseando que acabe de jugar, pero aún llego hasta tus rodillas, para volver por el interior de tus muslos hasta tus ingles. Al principio comienzo con besos suaves que voy transformando en mordiscos según me voy acercando. Separas más tus piernas para dejarme y yo al final llego y te recorro con mi lengua, de arriba abajo, y lo repito unas cuantas de veces más hasta que por fin me centro en ese punto.
Me ayudo de mis dedos que acompañan a cada movimiento de tu cuerpo rítmicamente. Tus caderas ya se han descontrolado y se mueven frenéticamente. En la habitación ya no existe nada ni nadie y se va llenando poco a poco con tus gritos y tu placer.
Me agarras fuertemente la cabeza, casi sin control, clavándome las uñas en la nuca, mientras me aprietas contra ti con más fuerza.
Noto como estallas y caes rendida mientras pequeños temblores recorren tu cuerpo acabando el la punta de los dedos de tus pies.
Tus manos vuelven a coger mi cabeza, esta vez con ternura, no con pasión. Guiando mi boca hasta la tuya. Nos besamos, te miro, despeinada, sudorosa, con los ojos encendidos llenos de ese brillo tan especial. De nuevo, vuelves a estar más bella que nunca.
21/07/2006
“…Yo tocaba fondo y me dormia en la cocina
‘M’ me abrazaba y se tumbaba encima mia
no te preocupes que esto pasara, mañana estaras bien
Y me cogia la cabeza y la metia en su jersey…”
Los Piratas - M
Lo sé, hoy soy chico fácil. Hoy vendería amor a cambio de cariño. ¿Vender? Qué digo, lo regalaría! No quiero más vaginas en lata ni placebos de una noche. Necesito mimos, cariños, palabras reconfortantes, un rincón donde volver a ser yo.
Demasiado tiempo siendo Vacío resulta agotador. Vacío es esa personalidad fuerte y luchadora, segura de sí misma, tanto que muchas veces no es que roce el egocentrismo y la prepotencia, sino que las desborda.
Hoy me gustaría dejar de luchar, quitarme la armadura y volver a ese lugar a que me laven y curen las heridas con falsas promesas de amor.
Ah, se me olvidaba que ese lugar ya no existe, y que ya no hay quien me cuide. Y pese a que tengo una amistad especial donde refugiarme por las noches, hoy el “buenas noches cielo” que tantas veces me ha reconfortado, resulta insuficiente. Hoy me gustaría encontrar a esa M de la que hablan los Piratas y pasarme el verano entero dentro de su jersey.
Aún así, hoy escribo esto sabiendo que mañana este post será un recuerdo que, como otras tantas veces, olvidaré, sabiendo que mañana por la mañana, antes de abrir los ojos, ya tendré puesta de nuevo la armadura y tiraré cualquier posible jersey a la basura.
15/07/2006
Millones gotas de sudor cubren toda su piel, todos los músculos en tensión y un nuevo zumbido vuelve a preceder a un golpe seco que se dispersa en el aire. Su respiración se ha vuelto entrecortada a causa de su ritmo caótico. Vuelve a apretar fuertemente los puños, se prepara y lanza una vez más sus nudillos que nunca alcanzarán a ese oponente imaginario.
La mirada está perdida en el infinito, donde ahora habitan sus esperanzas y su felicidad, en ese lugar que se antoja inalcanzable. Para él, ahora mismo sólo existe su ira, su rabia, su frustración que concentra en sus puños para intentar sacarla con golpes cada vez más violentos.
- ¿Crees que así conseguirás algo? - la voz de la razón habla.
Con el último golpe se puede escuchar el crujir de los huesos y a los tendones tensándose. Nota como algo de ira atraviesa su piel y responden sus emociones.
- Sí, quitarme estos sentimientos de encima. No quiero volver a sentirlos, no son buenos, son insanos, arden en mi cabeza con ganas de violencia.
- Puede ser que te los quites ahora, pero qué harás cuando vuelvan, porque sabes que lo harán. ¿Arremeterás al aire? Eres patético, ¿qué pasaría si no hubiera aire delante tuyo, qué pasaría si fuera una persona? ¿Qué harás cuando la rabia sea más fuerte?¿Golpearás de nuevo una pared? ¿Con que mano? La derecha ya la tienes dañada para el resto de la vida, ¿usarás la izquierda para ser un inválido? ¿Es que no te das cuenta? Eres víctima de tus sentimientos, si no aprendes a controlarlos te perderán. La ira te dejará manco, el amor ya te dejó ciego y el miedo te encadena. Los sentimientos no son más que respuestas físicas a ciertos sucesos, el hecho de llamar amor a una segregación de hormonas es comparable a explicar el suceso del rayo mediante la intervención de Zeus.
Una enorme gota de sudor recorre su espalda para acabar en una ya calada goma del pantalón. Los nudillos se han tensado hasta tal punto que casi puede verse su color blanquecino a través de la piel.
- ¿Y qué sería entonces sin de mí sin mis sentimientos? No sería más que un robot, frío, sin espontaneidad, donde cada uno de mis acciones estarían calculadas de antemano. Eso te encantaría, ¿no? Te encantaría que todas mis decisiones pasasen por el cerebro, que cada una de mis decisiones pasase por esa vara de medir que llamas moral para categorizarlas como buenas o malas.
- Serías libre.
- Un hombre libre no podría vivir en esta jaula que llamas mundo.
Y así pasa el día, tratando de apagar o controlar emociones que no quiere, buscando el camino de la libertad, de la felicidad, en definitiva, buscando el camino de su vida.
12/07/2006
Mi apatía se extiende por mi cuerpo al mismo ritmo que el caos se apodera de mi habitación. Mientras ha sido época de exámenes, cada trasto y cada montaña de apuntes se ha ido moviendo de la mesa al suelo para dejar hueco a una nueva asignatura, sin darme cuenta que, con cada montaña de papel, quemaba también un nuevo cartucho.
Es la primera vez que me tomo los estudios con cierta seriedad y responsabilidad, y eso se ha notado un poco en los resultados, pero también en mi cabeza. Desde hace ya más de dos semanas mi vida se podría resumir en dos verbos: comer y dormir. Si a parte de endosarme las tabletas de chocolate con marihuana que ha traído mi hermana de Holanda, me estuviese embutiendo también tarrinas de litro de Häagen Dazs no me cabría duda, sabría a ciencia cierta que estaría pasando por una depresión de caballo. Como no es así (pero creo que es por el elevado precio de éstas últimas) sólo me queda la certeza de saber que algo no anda bien, y por más que lo analizo no encuentro una causa.
Puede ser que esperase demasiado del verano y que mis expectativas de tener un superverano hayan chocado con la realidad, mi ciudad apesta y sin dinero no podré salir de ella. Podría ser también por la falta de metas en estos momentos, ya que hasta ahora mi principal enfoque era la carrera y el no tener que preocuparme por ella ha dejado un vacío enorme en mis ambiciones y motivaciones. Aunque seguramente sea por aquello que yo llamo memoria física, es decir, mi cuerpo sabe que hace un año yo lo estaba pasando mal y como es tan juerguista ha decidido rememorarlo.
Explicaciones hay de todo tipo y también he topado con otras más dispares, como por ejemplo que el feng-shui funciona y todo esto es debido al desastre de mi habitación (producido durante el periodo de exámenes) que afecta negativamente a mis energías. O que estoy en mitad de una crisis de abstinencia por haber reducido drásticamente el consumo de café. O si no, la explicación de Phoenix, necesito follar más (a veces pienso que con esa frase arreglaríamos el mundo). El día que le hice la pregunta de si existía la posibilidad de que mi estado se produjese por falta de sexo el contestó: “Es blanca la nieve?”
El caso es que por un motivo u otro, no funciono, no pienso, no escribo, no reacciono, es como si no me quedasen más energías. Y con todo lo que me queda por hacer, necesito volver a explotar, a desbordarme de energía. Pero es bastante difícil hacer que un cañón con la mecha quemada dispare, primero habría que cambiarla, tarea bastante difícil si se trata de un ser humano, porque… dónde está la mecha? Bueno, si se tratase de un hombre, podríamos decir que su mecha es su…. Ejem, eso mejor me lo dejo quietecito y tranquilo, que por ahora no tengo ningún trauma ni por tamaño ni mal funcionamiento, por poco uso podría ser, pero no es la cuestión en estos momentos, o sí.
Se admiten explicaciones.