Cuando uno emprende un viaje como el mío, irse a Canadá sin conocer a nadie, piensa en que casi cualquier cosa es posible, pero claro, lo que no te esperas es que a tu madre le dé por decirle al monitor, en el aeropuerto de Barajas (T4), que te has ido a cagar justo en el momento en que te ausentas de las maletas. Debería habérmelo imaginado, todo apuntaba a que algo funesto iba a suceder. No es que mi familia hubiésemos sido capaces por una vez de ir desde Leganés a la terminal sin perdernos, aún sin conocer el camino. No es que llegásemos a la hora prevista sin retrasarnos, no: es que llegamos los primeros, NOSOTROS, que cada vez que vamos a realizar un viaje, salimos siempre dos horas más tarde de la hora prevista. Ante algo tan extraño debería haber estado más atento, la última vez que le di cuerda a uno de mis padres acabó jaleándole a las chicas del can-can en el “saloon” de la zona del Lejano Oeste en Port-Aventura, y con unos doce años puede ser algo muy frustrante, mi psicoterapeuta todavía tiene que ponerse protecciones cada vez que saca el tema, aunque la verdad es que hoy en día sería yo el primero en hacerlo.
“El siguiente”, me llama un tío con el pelo inusualmente cano para su edad y al que parece que le han metido un palo de escoba por el culo. Empieza a facturar mi maleta con la habilidad pasmosa de un mono al que le han amputado los dos brazos, parece que cada uno de sus movimientos tiene que venir precedido por una conversación con la chica de su derecha. Por la cara de ella, hasta el más tonto de la cola sabe cómo va a acabar la historia, ella montándoselo con un piloto y él poniendo a prueba su pericia con la mano en el cuarto de baño tratando de no salpicarse esa chapa tan brillante en la que pone Iberia.
Cinco minutos más tarde ya tengo un bulto menos encima del que preocuparme pero, debido a la buena organización de la compañía de vuelo, tengo que jugar al tetris tratando de recomponer todo lo que contenía mi bolsa de mano dentro de la bolsa del portátil. Por lo visto la información que nos dio la British Airways era incorrecta, punto a favor para ellos: 1-0. No hay porqué alarmarse mi padre es bueno haciendo esas cosas así que me arranca sendas mochilas de mis manos y empieza a reubicarlo todo aunque cuando eso le lleva a mostrar mi ropa interior delante de un aeropuerto. A partir de ahora sólo quedan unos cuantos controles de aduana y un transbordo en Londres entre Canadá y yo.

