El motivo del cambio

25/05/2007

Y tras cinco, sólo dos para ser dos desconocidos [Mi Vida, En el Abismo] — escrito por Void a las 01:55:16

Puedo vivir sin saber lo que es un quásar o cuál es el sentido del spin de un electrón. Sin conocer la magnitud de la galaxia o el porqué de nuestra existencia. O si ese Dios católico con una barba tan luenga y blanca tienes pelos en los hombros y canas en los pezones. Pero hay otro montón más que el no conocerlas me mata, me ahoga. Como tus lágrimas que aullaban silenciosa culpabilidad, las motivaciones subyacentes tras un montón de decisiones, o el saber qué hubo detrás de ciertas palabras nacidas en un momento no deseado. Por qué no hay ni si quiera amistad en esas cenizas que sólo dibujan tensión.

Malo es hacerse ciertas preguntas cuando a su vez lo único que ronda por tu cabeza son los remordimientos post-atracón a helado de chocolate mezclado con fresas troceadas. Pero ciertas escenas televisivas me han hecho, más que recordar, revivir, y volver a desear partirme la mano derecha contra la pared. Y así dejar que las doctoras de falsa moral puedan mirarme con desprecio, para luego negarme la asistencia médica y, que de esa manera, vuelvan a casa a dormir bien, sabiéndose haber dado su lección a un maltratador.

Sí, el desconocerte me mata, y será verdad que me hago viejo, porque en vez de concentrar toda la frustración en un enorme bola para hacerla reventar contra algo de manera violenta, sólo puedo dejarla salir en forma de un halo invisible que me rodea y que se escapa a través de los poros de mi piel, hasta que ya no vuelva a quedar nada de eso, y siga mi vida, mirando hacia un lado donde no hayan incógnitas que sean capaces de hacer tambalear mi rumbo. Porque seguro que Dios, con esa pedazo barba, tiene pelos en más partes que el resto de los humanos.

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