Al principio distante, apático, hermético… luego… adorable, entrañable o todo lo que la gente que haya llegado a conocerme pueda opinar. Pero el idealismo y el romanticismo, en los tiempos que corren, no son más que defectos bien vistos por los demás, sobre todo porque es un defecto aprovechable, y en una vida donde el universo es heliocéntrico y no hay mayor sol que el que luce nuestros ombligos, aprovechar los defectos de los demás es nuestra mejor baza.
Vamos, el nacimiento de la sociedad y de la amistad, sólo ocurrió por necesidad, por supervivencia. Pero si mi supervivencia ya está garantizada, por qué preocuparme por tus necesidades, primero van las mías y luego irán mis comodidades. Si realmente fuéramos de otra manera, albergásemos otros pensamientos, no existiría el tercer mundo.
Es triste pensar que cualquiera de las relaciones humanas que podamos tener con otras personas no son más que fruto de la necesidad, y que cuando esta esté saciada nuestras relaciones cambiarán. La mayores traiciones siempre han venido de la mano que antes acariciaba, y no estoy hablando de las que aparecen en los libros de historia, porque ellas se hicieron para cambiar civilizaciones. No por cuatro euros, no por una “papelina”, no por sentimientos o emociones generadas por la parte más primitiva de nuestro cerebro, no por simple egoísmo.
Y me pregunto si es vital la confianza, si mi idealismo es un accesorio del cual me pueda despojar, y puedo primero ir yo y luego los demás. Si pensar lo mejor de los demás no es el resultado de vivir bajo el principio de la comodidad. Porque resulta mucho más placentero descansar bien la cabeza, a dormir con una pistola bajo la almohada, con la que disparar antes de ser tiroteados. La desconfianza es una defensa de la sociedad, pero se comporta igual que un anticuerpo loco atacando a todo un sistema, por culpa de un virus que extiende su existencia jodiendo a los demás.


Yo sigo pensando que…
…Emilio Aragón y tú sois unos payasos…
(burrr
Comment by Adrián — 3/03/2007 @ 13:59:16