28/02/2007
Al principio distante, apático, hermético… luego… adorable, entrañable o todo lo que la gente que haya llegado a conocerme pueda opinar. Pero el idealismo y el romanticismo, en los tiempos que corren, no son más que defectos bien vistos por los demás, sobre todo porque es un defecto aprovechable, y en una vida donde el universo es heliocéntrico y no hay mayor sol que el que luce nuestros ombligos, aprovechar los defectos de los demás es nuestra mejor baza.
Vamos, el nacimiento de la sociedad y de la amistad, sólo ocurrió por necesidad, por supervivencia. Pero si mi supervivencia ya está garantizada, por qué preocuparme por tus necesidades, primero van las mías y luego irán mis comodidades. Si realmente fuéramos de otra manera, albergásemos otros pensamientos, no existiría el tercer mundo.
Es triste pensar que cualquiera de las relaciones humanas que podamos tener con otras personas no son más que fruto de la necesidad, y que cuando esta esté saciada nuestras relaciones cambiarán. La mayores traiciones siempre han venido de la mano que antes acariciaba, y no estoy hablando de las que aparecen en los libros de historia, porque ellas se hicieron para cambiar civilizaciones. No por cuatro euros, no por una “papelina”, no por sentimientos o emociones generadas por la parte más primitiva de nuestro cerebro, no por simple egoísmo.
Y me pregunto si es vital la confianza, si mi idealismo es un accesorio del cual me pueda despojar, y puedo primero ir yo y luego los demás. Si pensar lo mejor de los demás no es el resultado de vivir bajo el principio de la comodidad. Porque resulta mucho más placentero descansar bien la cabeza, a dormir con una pistola bajo la almohada, con la que disparar antes de ser tiroteados. La desconfianza es una defensa de la sociedad, pero se comporta igual que un anticuerpo loco atacando a todo un sistema, por culpa de un virus que extiende su existencia jodiendo a los demás.
25/02/2007
Siempre que te cruzas en mi vida, algo cambia. Todo lo que me rodea se desmorona dejando pasar de nuevo la luz, para que pueda ver con más claridad lo que realmente importa, algo así como una gota de fairy en una sartén hasta arriba de mierda, un mínimo roce y la grasa se aparta. Y entonces recuerdo el porqué hago lo que hago y qué me trajo hasta aquí. Recuerdo el blog. Recuerdo porqué me gustaba tanto acelerar, cambiar de marcha, correr y dejarme llevar por la velocidad, como un niño malo desobedeciendo aquello que no te gustaba y que trataste de encerrar en un cajón, para quedarte con un despojo bonito: decorativo, pero inútil y molesto para quitar el polvo. Aunque no me acuerdo si el que empezó a encerrar cosas fuiste tú o yo (tratando de prolongar lo inevitable), a buenas horas he oído a mi padre aconsejarme que nunca hay que darlo todo.
Mi hermana me dice que justo hace una semana te vio y que no la saludaste. Ibas demasiado ocupada persiguiendo a corre prisa a ese facha que tienes por novio, para coger el tren, mientras musitabas un enfado hacia tus adentros. Jejeje, me resultan esos mini enfados tan familiares. Siempre fuiste demasiado trágica para según qué cosas y seguro que acabaste convirtiendo en una enorme pelota de odio un simple retraso.
No soy tan perfecto, ni tengo una moral tan elevada. No puedo evitar sentir cierto placer sádico sabiendo que tu elección no fue tan buena. Pero mira, por ese sentimiento que arranca desde la parte más oscura y primitva de mi ser, no hago más que sermonearme sabiendo que alegrarse por el dolor ajeno, por mucho que te haya infligido esa persona (directamente o indirectamente), no está bien. Pero también es cierto que en parte me alegro por mi, por haber “madurado?” algo y dejar de lado esas falsas broncas a las que parece que aún recurres con frecuencia para tratar de llevar siempre tu vida por el camino recto.
Por mucha mierda que haya escrito, lo de antes no son más que palabras, que poco pueden hacer frente a otros sentimientos y a experiencias vividas. Las sonrisas de capullo que cuadro perfectamente a veces, sólo consiguen camuflar malamente el hecho de que, con facha imbécil o no, siempre te desearé lo mejor y la mayor de las felicidades.
Y yo… mientras… pues no sé, supongo que buscando mi propia felicidad, tirando con dos cojones con una carrera que psee, pero que al menos entretiene y resulta a veces divertida. Y bien alejadito de mujeres, sabiendo que la única que podría haberme hecho olvidarte anda un tanto lejos de mi casa.
En fin, parece que nada está tan superado como esperaba y seguramente algún día me ponga treméndamente nervioso al cruzarme contigo al doblar una esquina. Parece que aún tienes algo de poder, y sin vernos consigues que me ponga a escribir de nuevo.
15/02/2007
Da igual cuanto planeemos algo, cuanto lo analicemos y cuan preparados pensemos estar frente a las adversidades. Siempre hay algo, por lo general tan diminuto e insignificante como un microbio que te hace cambiar completamente de opinión.
Dado que el año pasado escribí algo en contra de San Valentín, este año pensaba, debido a este ambiente especialmente ñoño que me rodea, hacerlo desde el otro lado para compensar, elogiando el amor y las sensaciones que lo rodean, pero visto lo visto, prefiero optar por esto (Ahora es cuando, si dominase el ASCII-Art saldría una mano con todos sus dedos plegados menos el anular, pero como no es así, os lo imagináis).
Pensaba, también, enviar un correo por un asunto pendiente en mi vida, por cosas que ocurren y nunca te explicas, por esa gente que desaparece sin más, y luego ni si quiera son capaces de dirigirte la palabra, como si la cobardía del silencio significase algo. ¿Qué miedo existe a las palabras? ¿O realmente el miedo es a hacer daño porque eso nos convertiría en malas personas? Vale, ahora ya sé porqué dicen que la educación va a peor: mejor no regaño a mi hijo cuando se porta mal no sea que me coja manía. Hacer daño es inevitable, ya sea de un modo u otro, somos muchos y por tanto queramos o no, hay interactuación, unas veces tan maravillosa como el sexo, otras tan desagradable como momentos y palabras incómodas en un instante oportuno. Pero claro, alguien (gente que responde como expertos en la materia, psicólogos creo que se hacen llamar) nos han metido en la cabeza que hay que ser felices y que para eso, lo primero y principal: LO MÁS IMPORTANTE ERES TÚ, y lo segundo: rechaza todo lo malo de tu vida. Y nosotros, como tontos, nos quedamos con lo que nos interesa: todo lo malo = a todo aquello que no nos gusta, así que si fuésemos críos de diez años, alejaríamos a las lentejas de nuestra vida. Pero como no lo somos, nos consideramos en posesión de la felicidad luciendo una maravillosa sonrisa mientras barremos la mierda debajo de la alfombra.
Mierda, esto de no tener tiempo para escribir y tener que hacerlo a retales es una auténtica putada: pierdes la inspiración del momento.
Nunca he sido especialmente rencoroso, o al menos, no a la larga. Es como si cualquier sensación la descargase y la disfrutase concentrándola en un breve periodo de tiempo. Horas más tarde, la rabia del principio se ha casi evaporado, y en este estadio de extraña felicidad doy pena escribiendo. Y por mucho que lo niegue, a una parte de mi le apetece algo de ñoñería, de mimos y de, como diría cualquier machito español que se precie: TODAS ESAS MARICONADAS. La verdad, no sé si este día fue inventado para las mujeres, como dicen muchos, o …
JODER! ASÍ NO HAY QUIEN SE CENTRE! Otra vez el novio de mi compañera de piso gimiendo, esto me pasa por estar tal día como hoy tecleando en el salón, pared con pared con su habitación.
A lo que iba, …o para los hombres, para dejar vencer esa parte sensible que todos tenemos pero que socialmente se nos impide mostrar por aquello de: “yo cazar”.
Lo siento, pero a la una y media ya es imposible hilar dos pensamientos coherentes seguidos.
Da igual el día que sea hoy, da igual lo mierda que te haya podido ir viendo a toda esa gente incumpliendo el undécimo mandamiento: “No comerás delante del hambriento” (aunque lo parezca, esto no va por ti). Por muy jodido que estés, aún a sabiendas de lo peligroso y autodestructivo que sea: AMA Y DÉJATE AMAR. Nunca es para siempre, distorsiona la realidad y cuando se acaba DUELE DE LA HOSTIA, pero jooooder, mientras dure, DISFRÚTALO.
(Esto ya es lo único que queda de lo que primeramente fue aquella buena intención).