Un buen día te dispones a entrar en la Biblioteca General guiado por la rutina del día a día cuando te asaltan un conjunto de personas armados con falsa moral, biblias de juguete y enormes lápidas con los mandamientos cincelados. Por lo visto su afán de ser jóvenes “guays” y alternativos con ansias de salvar el mundo les había llevado a la conclusión de que la prostitución y el turismo sexual estaban mal, y habían montado una especie de exposición/feria/mercadillo para demostrar su gran compromiso con la sociedad.
Ya no se tiene en cuenta si el hecho de la prostitución es una decisión tomada libremente por el individuo. Ahora, todas las actrices porno (porque que yo sepa éstas también ofertan sexo a cambio de dinero) y todas las prostitutas son un grupo de muchachas jóvenes e ingenuas que han llegado a nuestro país engañadas y que se ven obligadas a ser putas para pagar las deudas con las mafias, o bien un grupo de niñas taiwanesas objeto de empresarios españoles que disfrutan con la pedofilia. Pero aún así, tampoco nos paramos a pensar si para esas niñas tan sólo queda esa opción para salir, junto con sus familias, de una situación pobreza extrema.
La figura de la prostituta es la de una mujer maltratada, amargada, sin cultura que se ve explotada y obligada a ejercer, o al menos eso querían demostrar con la infinidad de fotos que estaban distribuidas a lo largo de aquel “puestecillo hippy”. Y la verdad es que más que prostitutas, en esas fotos veía reflejadas a mujeres normales, con míseros sueldos, cuya causa de amargor era, que al haber llegado a cierta edad, sus vidas no se parecían en nada a lo que ellas habían soñado, ni tampoco tenían correspondencia ninguna con lo que le había prometido en cuentos y películas de hadas, princesas y príncipes encantados.
Siempre que hay programas sociales se nos cuenta la mayor mentira de todas, se nos cuentan verdades a medias y sólo se muestran los datos que interesan. No se habla de prostitución masculina porque no sirve para defender los derechos y libertades de la mujer maltratada. No se habla tampoco del turismo sexual que practican los famosos cuando escapan al Caribe en busca de falsos matrimonios. Porque el famoseo es intocable y hay que mantenerlo a toda costa con prensa rosa y programas formato tipo “Gran Hermano VIP”, “Salsa Rosa” y resto de mierda televisiva. El famoso se ha convertido en el ejemplo a seguir, en el molde para crear al resto de la sociedad. En una imagen que está en lo alto, semi-inalcanzable, pero que cada vez es más inculto, para recordarnos que nosotros también podemos, sólo hay que ser rastrero, mentir, robar y lucir palmito.
El problema no está en la prostitución en sí, sino en la elección, en si somos completamente libres para elegir. Porque no sólo hay muchachas ingenuas deseando escapar, ni niñas taiwanesas liándose con cincuentones, barrigones y calvos de carteras albutadas. También hay niños en Sierra Leona obligados a jugar de por vida a ser soldados, niños chinos cosiendo balones, etc. La lucha social debería consistir en que no hubiesen situaciones de necesidad que obligase a nadie a tomar ciertas decisiones.

