El motivo del cambio

2/11/2006

Mentiras [Mi Vida, El dedo en la llaga] — escrito por Void a las 15:57:22

La verdad no es un concepto difuso. Eso es sólo un pretexto, una justificación para poder admitir ciertas manipulaciones y excusas que nos hacen la vida más fácil. Se trata de una creencia arraigada y profunda que la extendemos y usamos a modo de venda para negarnos a ver lo evidente, la mentira es nuestra forma de vida y muy pocos son capaces de admitir las consecuencias derivadas de un comportamiento completamente sincero.

Mentimos por no hacer daño a otras personas, mentimos para mantener un puesto de trabajo, para conservar cierta fama o moralidad intachables, por el miedo al qué dirán, a mostrarnos diferentes al resto. Cada una de las mentiras que contamos en la vida son para generar un cómodo colchón sobre el que descansar nuestro trasero, y así elevarlo por encima de los problemas derivados del ser.

Mentimos hasta sobre la propia mentira. Y si no lo crees, piénsalo dos veces antes de decir: “Para mi la sinceridad es lo más importante”. De verdad eres consciente de todo lo que conlleva esa frase? Aceptarías un no me caes bien? Ese vestido te sienta horrible? Éste ha sido uno de los peores polvos de mi vida? Eres el peor jefe de la historia, no sé cómo te han dado este puesto a alguien tan necio y negado como tú?
No, verdad, verdad que no? En ese momento tu subconsciente clamaría a voces: “¡Una mentira, una mentirijilla, por piedad, una metira piadosa, por favor!”.
La pediríamos así, con diminutivos para restarle importancia, quitarle peso y así no sentirnos mal con nuestra moral. Necesitamos sentirnos bien con nosotros mismos, creer, aunque sea de forma muy superficial, que somos maravillosos, únicos, casi perfectos, que somos buenas personas, que no tenemos que recurrir al engaño porque… mentir es tan feo…
Pero… hay mentiras que nos hacen sentir tan bien..!

A mi por lo visto todo esto no me quedó muy claro, de otro modo podía haber detenido mi lengua en el momento en que le dije a mi jefa que era una incompetente y que sus decisiones sólo harían que empeorar el negocio, que le faltaba previsión y paciencia. Que le había dado un montón de consejos y los había desoído casi todos (tal vez porque no le cobré por ellos).

Obviamente estoy en la calle, pero no sin una mentira, porque para ella siempre será más fácil verme como un ogro que reconocer que me echó porque no sabe encajar una crítica.

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