Mis labios se cierran en torno a uno de tus pezones y escucho un primer suspiro ronco, al tiempo que echas la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda, como si quisieras descubrir aún más tus pechos, ya no despejarlos de la ropa que ahora cubre el suelo, el sillón, la cama… si no de ataduras, de prejuicios sociales, de pecados católicos, de moralidad, de razón. Separo mi boca de tus senos justo lo suficiente para que notes mi aliento al tiempo que elevo mi mirada hacia tus ojos que me devoran cargados de deseo, exigiéndome que siga. Y lo hago un rato más, hasta que los jadeos se hacen más frecuentes hasta casi convertirse en gemidos.
Bajo poco a poco por tu vientre, con mi lengua y mis labios recorriendo cada milímetro de tu piel, saboreando tu placer, con el resto de mis sentidos analizando tus reacciones: escuchando tu respiración entrecortada, sintiendo como tus músculos se tensan y tiemblan según voy descendiendo. Lo hago despacio, sin prisas, dejando que el deseo se adueñe casi por completo de ti, hoy no tengo prisa, esta noche es para ti.
Bordeo tu sexo, prefiero desviarme hacia tus caderas, me encanta como te pones nerviosa, ansiosa, deseando que acabe de jugar, pero aún llego hasta tus rodillas, para volver por el interior de tus muslos hasta tus ingles. Al principio comienzo con besos suaves que voy transformando en mordiscos según me voy acercando. Separas más tus piernas para dejarme y yo al final llego y te recorro con mi lengua, de arriba abajo, y lo repito unas cuantas de veces más hasta que por fin me centro en ese punto.
Me ayudo de mis dedos que acompañan a cada movimiento de tu cuerpo rítmicamente. Tus caderas ya se han descontrolado y se mueven frenéticamente. En la habitación ya no existe nada ni nadie y se va llenando poco a poco con tus gritos y tu placer.
Me agarras fuertemente la cabeza, casi sin control, clavándome las uñas en la nuca, mientras me aprietas contra ti con más fuerza.
Noto como estallas y caes rendida mientras pequeños temblores recorren tu cuerpo acabando el la punta de los dedos de tus pies.
Tus manos vuelven a coger mi cabeza, esta vez con ternura, no con pasión. Guiando mi boca hasta la tuya. Nos besamos, te miro, despeinada, sudorosa, con los ojos encendidos llenos de ese brillo tan especial. De nuevo, vuelves a estar más bella que nunca.


Insomnio
nice..
Trackback by ptrcwhtt — 3/08/2006 @ 22:53:50
Ahora entiendo porque te cuesta tanto levantarte últimamente, porque si es esto lo que aparece en tus sueños…
Viviria solo en sueños.
¿Quizás el brillo que había hoy en tus ojos era porque anoche no sólo trabajaste en la barra?
Sea lo que sea, me gusto el relato
Comment by LauraDafne — 7/08/2006 @ 02:32:25
me había prometido a mi misma no comentar de nuevo (me hace sentir pesada), pero no puedo evitarlo, me ha gustado más de lo que debería… me ha hecho imaginar y visualizar más de lo que debería
siempre me ha costado describir esos momentos tan intensos y tú lo has logrado… claro, falta que lo haga una mujer, desde la perspectiva de una mujer… ya veremos
gracias por regalar un trozo de tus sueños (o realidades)
y salu2 de nuevo
Comment by maluquenia — 31/08/2006 @ 04:39:46
Si sólo falta que lo haga una mujer, te invito a que lo intentes en tu blog.
Comment by Void — 31/08/2006 @ 12:34:11