Hace justo un año nació esa doble personalidad conocida como Vacío o Void, y con él, tiempo más tarde nacería este blog. La verdad es que el parto, como casi todos, fue doloroso, pero este en particular, fue bastante más problemático y doloroso de lo normal, hubo momentos en los que pensé que no sobreviviría. Pero su nacimiento, después de todo, trajo aire fresco a mi vida. Fue como empezar de nuevo, viendo las cosas a través de los ojos de un niño, observando cómo se sorprendía con cualquier insignificancia y cómo cuestionaba hasta a la más alta autoridad.
Para qué nos vamos a engañar, no fue un embarazo deseado, y eso él, lo sabe y le jode, piensa que debería haber nacido bastante antes. Razón no le falta, pero como siempre digo, todo en esta vida tiene su momento y tratar de adelantarlo y atrasarlo no sirve de nada. Y ahora, a este cabrón egocéntrico, no lo cambiaría por nada del mundo, básicamente, porque con él he vivido las lecciones más importantes que han habido en mi vida hasta ahora, y sobre todo, porque, pese a todo, el muy “joputa” se hace de querer.
Todos los comienzos son difíciles, y más aún si lo que intentas es renacer de las cenizas, pero cuando crees haber tocado fondo sólo queda una dirección.

