El motivo del cambio

16/05/2006

Aves del paraíso [Divagaciones] — escrito por Void a las 15:34:47

Entre todas las aves del paraíso existe una especie en particular que siempre me hizo mucha gracia. Cuando tiene que llamar la atención de la hembra empieza con una vistosísima danza del cortejo para impresionarla.


El macho hincha sus plumas y exhibe sus llamativos colores y si es bueno, ese día folla. Prácticamente igual que los humanos, sólo hay que cambiar las plumas y los colores por gomina o maquillaje y ropa ajustada. La única diferencia es que con las aves, ninguna hembra se queja de que esos colores no sirvan para cazar, ni para mantener una conversación interesante, ni para ser bueno en la cama. Aquellos que mejor bailen y muestren sus plumas dejarán su legado genético en los futuros miembros de la especie. Claro, así pasa, de vez en cuando aparecen especies de aves como el kiwi que ni vuelan ni corren ni nada de nada, “¡pero son tan monos con ese plumaje en plan peluche y esas patitas tan cortas!”.

Ahora la vida parece estar repleta de kiwis o aves del paraíso que dedican la mayor parte de su tiempo para tener una buena danza del cortejo, con sus colores llamativos y su perfecto plumaje. Horas y horas de gimnasio, dietas hipocalóricas y una extraña obsesión por subsanar su incapacidad de vuelo. Todo importa, todo influye, todo está estudiado para generar la impresión perfecta, la que te haga ser el macho que llame su atención frente al resto. Programa tus gustos, hasta las conversaciones para que te hagan aparentar más interesante dándoles un toque de falso intelectual mezclado con algo de misterio.

Ninguno de ellos son águilas, y los que pueden volar rara vez lo hacen por miedo a ser abatidos y eso les hace convertirse en presas, víctimas fáciles que han descubierto una defensa amparada en el número, en la normalización de su especie, si nadie vuela, nadie podrá comérselos, así que mientras estés en el huevo se te enseñará a sacar buche y desplegar tus alas, pero nunca a batirlas.

La lástima es, que pese a que te hayas dado cuenta de que tus plumas no son iguales y tus alas son más largas, pretendas seguir pareciéndote a ellos, seguir siendo un pavo real.

No soy ni águila ni kiwi, ni cazador ni presa, más bien, un búho, dos ojos enormes en mitad de la noche que han visto mucho y vivido poco. Pero que ya está harto de esa perenne queja. Dicen que evolucionamos pero seguimos dándole importancia a la pluma que nos recubre (sí, yo también me incluyo). Dejamos la selección natural en manos de un juego de impresiones pero luego no dudamos en elaborar juicios generalistas acerca de si todos los hombres sólo piensan en fútbol, follan mal y son pésimos amantes cegados por su hedonismo y egoísmo. No dudamos en englobar a todas las mujeres como seres superficiales, de mentalidad pobre y volátil. No dudamos en querer follarnos a un ave del paraíso, pero luego le exigimos que sea capaz de volar y de cazar.
Al final, entre tanta pluma, no queda más en nosotros que una hipocresía ilimitada que predica con voces lo que contradice con hechos.

Prefiero que me definan por mis hechos que por mi número de polvos.

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