31/05/2006
Los exámenes están a la vuelta de la esquina y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza encerrándose en bibliotecas, unos con la esperanza de aprender en dos días lo de todo un año, otros, con la de que la leyenda sea verdad, y esa noche acaben echando un polvo en los aseos. La extensión de este segundo rumor es tal, que estoy por llamar a Friker Jiménez y a Mulder y Scully para que lo comprueben, porque últimamente viene a ser algo así como aquello que se dio en televisión con un perro, la mermelada y Ricky Martín, todo el mundo conoce a alguien que lo vio, pero nadie lo ha experimentado directamente en sus propias carnes.
Hará un par de semanas más o menos, comencé cierta asignatura conocida con el nombre de estadística, aunque bien podrían haberla llamado adivinatoria, porque de ciencia tiene poco, menos aún de ciencia exacta. Tanto es así, que si repitiese y el año que viene me impartiesen esa asignatura Rappel o Aramis Fuster vestidos con una bata blanca tampoco me extrañaría.
El caso es que dos semanas acá es el periodo exacto en que mis capacidades de coordinación en el habla y pensamiento se han ido deteriorando, así como mi dedicación por el blog. Y por lo que sé, la cosa va a ir a peor. Ya veremos si de aquí al 26 de Junio, fecha de mi último examen, soy capaz de vocalizar algo coherente.
Así que por si me quedaran daños cerebrales irreversibles me despido de todos vosotros que habéis construido este blog con vuestras opiniones, y también me despido de los otros, los voyeurs, esos que me habéis dado tantas fantasías.
23/05/2006
Acojonado
[Mi Vida] — escrito por Void a las 23:09:24
Las hojas caen al suelo construyendo un manto otoñal que cruje a cada paso del tiempo. Un sonido ensordecedor que se muestra altivo y desafiante en una estación que no le corresponde. El verano debería dar pie al calor, a la escasez de ropa y a la alegría, no a una vaga melancolía.
Este prematuro calor mezclado con la humedad que viene de la costa dejan en el aire un leve aroma a verano que no hace si no despertar en cada una de las papilas gustativas de mi dormida lengua el sabor de sudores entremezclados debidos a una de tantas sesiones de sexo intenso y apasionado que acentúan una sensación inoportuna de oscuridad abandonada en mi interior. Ahora mismo, no la necesito ni la quiero, pero está ahí para descentrarme, para hacer que me cague encima de miedo al fracaso. Apenas queda una semana para terminar las clases y empezar con exámenes y todo son prisas y entrega de prácticas y cualquier cagada resulta fatídica, tirando por el retrete un curso que, por una vez en mi vida, me he medio currado y donde nadie me ha regalado nada (aquí soy un desconocido más). Lo siento pero siempre ha sido así y sería un error por mi parte no negarlo: siempre he caído en gracia a mis profesores y eso me ha ayudado a compensar mi falta de ritmo al final del curso, y en la universidad, eso no sirve de nada.
18/05/2006
Debería hablar de algo más a parte de sexo, porque empiezo a pensar que lo mío es obsesión y no necesidad física. Tal vez debería de hablar de la “estafa” de Forum, y digo estafa entrecomillada porque parece que es ponernos delante un tipo con traje caro y le entregamos todos nuestros ahorros. Señora, si quería tirar 20 millones de las antiguas pesetas me las podría haber dado, porque se me ocurren inversiones más interesantes donde tirar el dinero, de hecho hay un burdel por aquí cerca…(basta! he dicho que no iba a hablar más de sexo). No voy a negar que el asunto de la filatelia dé dinero, pero lo hace si uno se molesta y se preocupa, si sabe en qué invierte, porque si encima creía que conseguiría dinero por el simple hecho de tener unos sellos es que usted es gilipollas, extraña enfermedad que parece padecer media España (la otra media no lo parece, simplemente lo es, y yo soy de estos últimos pero ahora no viene al caso). La ley básica del mundo financiero es que para conseguir beneficios hay que mover el capital, de hecho los bancos nos dan intereses porque juegan en la bolsa con el dinero que ingresamos (lo explico para que no hayan más sorpresas, no sea que ahora la gente le dé por invertir en empresas que basan su dinero en el coleccionismo de dedales).
A parte, el precio del dinero de cada país viene definido por fórmulas matemáticas bastante extrañas que se sustenta en el nivel de vida, cantidad de oro guardado en su reserva y otros tantos factores que no alcanzo o a conocer o a comprender porque no estudio económicas (así que si he metido la pata, agradezco correcciones, toda información es bienvenida). A lo que iba que me pierdo, pero alguien me puede decir en qué se basa el precio de los sellos. Pues en un índice orientativo en función del interés de los coleccionistas, por lo que no responde a un índice de crecimiento constante y por tanto ese seis, siete incluso ocho por ciento que le ofrecieron como intereses no son más que una mera especulación.
Ah, perdón, según los medios de comunicación no era ésa la estafa, más bien radica en su estructura piramidal y de ahí no les saques porque no interesa que la gente conozca nada más de esa extraña desviación sexual que se llama filatelia (nosotros le enseñamos unos sellos y usted pone el ojete), así la próxima vez no dudará en regalar su dinero a cualquier personaje que le vista falsas promesas con trajes caros.
Luego, señora, no se queje si a usted o a mí nos embargan el piso por deber menos de mil euros, porque el Real Madrid debe 600 millones y puede ser que le tengan que dejar doscientos más para fichar a su próxima estrella.
16/05/2006
Entre todas las aves del paraíso existe una especie en particular que siempre me hizo mucha gracia. Cuando tiene que llamar la atención de la hembra empieza con una vistosísima danza del cortejo para impresionarla.
El macho hincha sus plumas y exhibe sus llamativos colores y si es bueno, ese día folla. Prácticamente igual que los humanos, sólo hay que cambiar las plumas y los colores por gomina o maquillaje y ropa ajustada. La única diferencia es que con las aves, ninguna hembra se queja de que esos colores no sirvan para cazar, ni para mantener una conversación interesante, ni para ser bueno en la cama. Aquellos que mejor bailen y muestren sus plumas dejarán su legado genético en los futuros miembros de la especie. Claro, así pasa, de vez en cuando aparecen especies de aves como el kiwi que ni vuelan ni corren ni nada de nada, “¡pero son tan monos con ese plumaje en plan peluche y esas patitas tan cortas!”.
Ahora la vida parece estar repleta de kiwis o aves del paraíso que dedican la mayor parte de su tiempo para tener una buena danza del cortejo, con sus colores llamativos y su perfecto plumaje. Horas y horas de gimnasio, dietas hipocalóricas y una extraña obsesión por subsanar su incapacidad de vuelo. Todo importa, todo influye, todo está estudiado para generar la impresión perfecta, la que te haga ser el macho que llame su atención frente al resto. Programa tus gustos, hasta las conversaciones para que te hagan aparentar más interesante dándoles un toque de falso intelectual mezclado con algo de misterio.
Ninguno de ellos son águilas, y los que pueden volar rara vez lo hacen por miedo a ser abatidos y eso les hace convertirse en presas, víctimas fáciles que han descubierto una defensa amparada en el número, en la normalización de su especie, si nadie vuela, nadie podrá comérselos, así que mientras estés en el huevo se te enseñará a sacar buche y desplegar tus alas, pero nunca a batirlas.
La lástima es, que pese a que te hayas dado cuenta de que tus plumas no son iguales y tus alas son más largas, pretendas seguir pareciéndote a ellos, seguir siendo un pavo real.
No soy ni águila ni kiwi, ni cazador ni presa, más bien, un búho, dos ojos enormes en mitad de la noche que han visto mucho y vivido poco. Pero que ya está harto de esa perenne queja. Dicen que evolucionamos pero seguimos dándole importancia a la pluma que nos recubre (sí, yo también me incluyo). Dejamos la selección natural en manos de un juego de impresiones pero luego no dudamos en elaborar juicios generalistas acerca de si todos los hombres sólo piensan en fútbol, follan mal y son pésimos amantes cegados por su hedonismo y egoísmo. No dudamos en englobar a todas las mujeres como seres superficiales, de mentalidad pobre y volátil. No dudamos en querer follarnos a un ave del paraíso, pero luego le exigimos que sea capaz de volar y de cazar.
Al final, entre tanta pluma, no queda más en nosotros que una hipocresía ilimitada que predica con voces lo que contradice con hechos.
Prefiero que me definan por mis hechos que por mi número de polvos.
3/05/2006
Han pasado ya la Semana Santa y el Puente de Mayo. Atrás quedaron esos días de hacer NADA, de tirarme todo el día durmiendo, descansando y mirando las musarañas. Lo cual te da una nueva perspectiva de la vida que nunca llega a ser nueva del todo, si no más bien se trata de un enfoque olvidado que recuerdas o retomas porque adquiere un nuevo significado.
Al final, hasta la vagancia aburre por lo que ya tenía ganas de volver de nuevo a la vida universitaria. Después de mucho calcular y pensar me he dado cuenta que soy vago por naturaleza, y que sólo con el hecho de estructurarme y aprovechar el tiempo sería un hombre de provecho sin necesidad de “stressarme”. Ahora, del dicho al hecho…
Por lo pronto he reciclado una vieja agenda en blanco, del año pasado, para escribir algo en el autobús, y así, las mañanas como ésta, tenerlas libres para dedicarlas a la universidad. Lo de hoy es una excepción debida a la fuerza de la costumbre y a que ayer me dio un ataque de epilepsia mientras escribía en la agenda mientras volvía a casa, porque esa caligrafía no puede ser debida a otra cosa. Roma no se construyó en un día.
Cambios y más cambios, altibajos con más de lo segundo que lo primero (aunque muchas veces los altos compensen). El transcurso de este año está siendo un tanto extraño. Se trata de una época de adaptación a la madurez, a la soltería, a follarme encima y a tratar de ser quien de verdad yo quiero ser (salvo por lo del sexo, claro). Y realmente es muy jodido ser uno mismo y vivir consecuentemente con ello. Aunque parezca mentira, es más agotador ser que dejarse llevar. Escudarse en la mayoría es mucho más sencillo, de hecho es una manera de quitarse de encima las responsabilidades.
Estaba bien eso de ser bebé, si tenías hambre lloraba y te alimentaban, si te cagabas llorabas y te limpiaban, si… en fin ¿hace falta que siga?
Crecemos, maduramos y algo cambia en nuestro interior y en el mundo que nos rodea (realmente éste no cambia, pero sí nuestra manera de verlo). De repente, cada acto que realizamos deriva en consecuencias que entrañan responsabilidades, en NUESTRAS responsabilidades, y por tanto nadie más estará ahí por nosotros para responder por ellas, así que por mucho que las evadamos seguirán ahí porque mami y papi ya no van a ir a limpiarte el culo, a no ser que papi y mami sean multimillonarios y lo limpien todo con un papel higiénico en forma de cheque engordado con muchos ceros. Las responsabilidades son como la mierda, por mucho que trates de esconderla, aunque no la veas, seguirá oliendo y cada vez peor. De hecho, por aquí empieza a oler un poco extraño. Uys! pues parece que ésta vez no he sido yo. Y es raro, porque ese olor está donde quiera que vaya, y no es por la planta de tratamiento de residuos que han abierto en los alrededores de mi ciudad, es por esa moda que se ha implantado. Todo el mundo quiere disfrutar, pasárselo bien, tener privilegios sin tener obligaciones, y ante la menor complicación: balones fuera. Si la montaña de responsabilidades es tal que el hedor se hace insoportable existe una técnica de eficacia demostrada: “pasar el marrón”, y más aún en política, donde ya hay años de experiencia.
Por mucho que queramos y lo intentemos no podemos volver a ser bebés, para bien o para mal, el cambio es inevitable y cualquier intento de detenerlo o negarlo acaba convirtiéndose en una ridícula pataleta. Por ejemplo la que dio la sociedad de conductores cuando, debido al número elevado de accidentes esta Semana Santa, cargó las culpas sobre la DGT alegando que el número de controles era insuficiente. Qué responsabilidad puede tener un conductor sin la formación necesaria (ahora que está tan de moda el caso), qué responsabilidad podrá tener su difunta madre por permitírselo, qué responsabilidad podrá tener alguien que circula de forma indebida. Ninguna, porque la culpa de todos estos casos era de la Guardia Civil por no estar en el lugar oportuno y en el momento oportuno para detenerlo.
Realmente, ¿es así como funcionamos? ¿creemos que todas nuestras responsabilidades acaban en el momento que pagamos una multa? La picaresca española parece habernos enseñado algo: mientras no me pillen, no estará mal.
La mayor parte de los actos que no realizamos, no los cometemos no por concienciación, si no por miedo a las represalias. No excedemos del límite por miedo a las multas, no somos infieles por si se entera nuestra pareja. Qué podemos esperar si toda nuestra educación desde que somos pequeños está basada en eso: “si no te duermes vendrá el Coco”, “como no te estés quieto llamaré al guardia”, “si dices palabrotas se te caerá la lengua”, “si te portas mal Papá Noel o los Reyes Magos no te traerán nada”. Y aún hay gente que cree que las cárceles no sirven para nada, si simplemente el miedo que infunde el ir a una de ellas y que un armario de 2x2 metros te acabe violando en las duchas ya evita suficientes delitos. Y es que, como dice mi amigo er Killo, vivimos en la Cultura del Miedo.
P.D. Dedicado al mejor antidepresivo que he conocido y que es capaz de hacerme reír incluso a las dos y media de la mañana.