El fin de semana ocurrió uno de esos hechos que hacen replantearme el irme a vivir al extranjero. Todavía no sé a dónde. Suecia podría ser un buen lugar. Y es que parece que la subnormalidad de este país, junto con los años de madurez política que Franco nos quitó son cada vez más palpables. Y es que los romanos lo sabían muy bien, dar al pueblo fiestas y sangre. Y Franco nos dio fútbol y toros.
Cientos de personas arrojándose a las calles, con sus coches, pitando y enarbolando banderas. Celebrando el triunfo de un grupo de personas que por correr detrás de un balón, cobrarán en un año, más que todos nosotros en toda la vida con trabajos más vanales y menos necesarios, véase construir edificios, recoger la basura, etc.
Celebrando el triunfo y maldiciendo la derrota. Siempre enfrentados por elegir otro color. Resulta extraño que siempre estemos buscando la diferencia entre un ser humano u otro: el color de piel, la religión, el país, el equipo de fútbol… Supongo que a fin de cuentas todos tratamos de sentirnos especiales y únicos, y a su vez, integrados. Así, creamos subgrupos sociales, por un lado, para sentirnos especiales frente al resto de grupos. Y, por otro, sentirnos integrados en nuestro grupo.
Ellos siguen celebrando, maldiciendo, insultando, y yo, preocupado, con la conciencia intranquila porque sé que, para llevar esta tipo de vida nos estamos cargando el tercer mundo. Un tercer mundo que trata de salir a flote nadando, remando, saltando muros para poder llegar al primero. Para vivir como nosotros y poder celebrar, maldecir, insultar al ritmo de un equipo de fútbol sin tener que preocuparse de nada más. Y si algo falla, nadie tendrán la culpa. La culpa será de los inmigrantes que me roban el puesto de trabajo y llenan las calles de delincuencia. Y no importa lo mal que haga las cosas porque siempre habrán otros a los que inculpar.
En definitiva, que no sé si irme a África, donde quién sabe, mi trabajo pueda ser realmente útil (ayudando a quien lo necesite), y no me sienta imbécil sabiendo que con mi trabajo no contribuya a nada en este mundo. Sí, a algo sí, a seguir engrasando la máquina del capitalismo, dando más dinero al rico (que no dudará en reventar al pobre para conseguir sus propósitos).
En fin que nadie me haga mucho caso, me duele especialmente la cabeza. Supongo que con una aspirina se irá mi dolor de cabeza y con él mis delirios antisociales. Porque este mundo y España es fenomenal y no hace falta cambiar nada porque yo vivo de PUTA MADRE.
P.D. Película aconsejada: “El jardinero fiel” (el título no lo veo muy afortunado pero el contenido no tiene desperdicio).

