Leo en el mundo la noticia: “El ‘Serengeti’ de Alaska, en peligro”.
Parece ser que su graciosa majestad Bush y su séquito de bufones han aprobado una ley para explotar los yacimientos de petróleo que se hayan bajo el Parque ANWR (una de las mayores reservas naturales del planeta, hábitat de unas cuantas espcies en peligro de extinción, leer artículo para más información).
Principales consecuencias, como más de uno se imaginará, son la muerte de los animales de la zona a causa la contaminación que estas perforaciones conllevan, y un largo etcétera de catástrofes naturales.
Por otro lado, hay otras consecuencias menos obvias que se derivan de este hecho (no voy a mencionar más a las principales, no porque no me importen, si no porque creo que son más que obvias). A lo que me refiero es, cómo coño (perdón por la expresión) debe estar el tema del petróleo actualmente para que un país, cuya política económica desde la II Guerra Mundial ha sido la de explotar los recursos del resto del planeta, esté empezando a tirar de los suyos.
/* Inciso */
Por si aún hay alguien que piensa que los Reyes Magos existen y que lo de Iraq fue por la amenaza de armas químicas decirle que no. Que el tratar de hacerse con los recursos pretrolíferos iraquíes es un plan que comenzó con la imposición por parte estadounidense de Sadam Hussein como presidente del país (pero que se les fue de mares, de ahí el porqué de la chapuza de la última guerra).
/* Fin de Inciso */
Parece ser que la subidas del combustible fósil ya no lo arregla ni Dios (Bush), y como última medida se trata de rebajar el precio dentro del país volviendo a mancharse las manos de rojo y negro.
Efectivamente el daño biológico no tiene precio: ninguno cuando choca con los intereses económicos. Y yo, ciudadano de a pie estadunidense, analafbeto de pro, rodeado de comodidades sociales, me importa tres pitos y dos flautas si se van a extinguir los caribúes o los lobos grises mientras yo pueda seguir conduciendo mi coche y pagando a “x” dólares el litro.
Pero ésto ya no lo baja nadie. Y mientras, las petroleras se forran, y seguirán vendiendo hasta que ya no quede, porque la mayor parte de las patentes de motores alternativos están en sus archivos. Así que mientras la vaca dé leche negra, va a ser difícil ver comercializadas alternativas como motores de hidrógeno y otros tantos prototipos.

