El motivo del cambio

26/10/2005

El Principio de Descartes [Mi Vida, En la Universidad, El dedo en la llaga] — escrito por Void a las 18:15:41

¡Vaya un día de mierda!
Bonito comienzo para un “post“. A lo mejor se podría pensar que soy un grosero que se podría expresar de una manera más culta y refinada como: ¡Hoy ha sido un día nefasto!
Pues… NO!!!, para definir un día como hoy sólo se puede expresar así:

¡UN DÍA DE MIERDA!

Prácticas en aulas fantasmas a las ocho de la mañana por lo que he tenido que levantarme a las 6 para poder coger el autobús a tiempo (hasta las nueve de la noche no cogeré el de vuelta). Clases que se han ido sucediendo sin dejar ni media hora para comer en una cantina abarrotada. Donde hay que sumegirse en una batalla de codos para conseguir un trozo de pan duro con algo en medio (que quede claro que llamar algo a ese lomo es elogiar al minimalismo). Ahora a la ecuación sólo falta añadirle el cansancio acumulado de haber dormido cinco horitas, por culpa del ensayo de anoche, y se obtiene mi humor actual: rachas de mala leche alternadas con estados de apatía total.

Aún así, parece ser que es justo en estos días cuando más me sorprendo a mi mismo. Cuando en mi cabeza afloran los pensamientos más insólitos y subrealistas.

En mis idas y venidas a la biblioteca (lugar donde paso la mayor parte del tiempo en la universidad) cierto escote llamó mi atención. Y lo curioso ha sido que en vez de quedarme embelesado (lo frecuente en mi), ha sido la maquinaria del pensamiento (me refiero a con la que no solemos pensar habitualmente los hombres: el cerebro) lo que ha empezado a trabajar (y no imaginando situaciones, posturas ni fantasías eróticas, como más de uno se estará aventurando a comentar).

De repente he visto a esa chica (y a todas las chicas que alguna vez se han arreglado para sentirse más atractivas) y también he visto a toda la panda de moscones y babosos (términos muy utilizados por el sector femenino) que han tenido que soportar. Creo que he sufrido lo que Kant llama el Giro Copernicano (cambio de punto de vista de la realidad). Que no es ni más ni menos que ponerse en la piel del otro: piedra angular de empatía.
He recordado las raras veces que alguna parte de mi cuerpo se ha sentido deseada. Y también he recordado cómo me hizo sentir, desde gratamente halagado hasta incómodo, sucio, humillado.

Y es en ese momento cuando no he podido evitar hacerme unas preguntas:

  • ¿Por qué no puedo (yo, y casi ningún hombre hetero) acercarme y hablar con ella sin forzar a que mi vista no se deslizase dos palmos por debajo de sus ojos?
  • ¿Por qué el hecho de que ciertas partes de su cuerpo se muestren parcialmente me ha de parecer atractivo, si su esencia, su personalidad, no la conozco de nada?
  • ¿Por qué, si sé que si la conociese y fuese una perfecta idiota, todo esa seducción y encanto se esfumaría igual que ha aparecido?(no sería la primera vez que me ocurriera)

/* La verdad es que leo lo anteriormente escrito y no me reconozco */

¿Hasta qué punto nos influye y nos afecta la sociedad? ¿Hasta qué punto interviene en nuestra educación, en nuestro comportamiento y nuestra forma de pensar y actuar?

Hará no mucho me comentaron un artículo que me sorprendió por sus implicaciones sociales. Un grupo de científicos había realizado un experimento. Habían encerrado a un grupo de cuatro monos en una sala con una escalera, y en lo alto de la misma, un plátano. El experimento consistía en que cada vez que un mono subía a coger el plátano, el resto de los que se quedaban abajo recibían una descarga eléctrica.

Al cabo de unas cuantas descargas, y el correspondiente aprendizaje mediante el método de prueba y ensayo, ninguno mono intentaba coger el plátano. Así que para putearlos más, y para que el experimento tuviese más aliciente cambiaron a uno de estos monos “educados” por otro “salvaje” (es decir, sin conocimiento acerca alguno de escalera+plátano=descarga).

En cuanto este mono se acercaba a la escalera, los otros tres “educados” le propinaban una soberana paliza impidiéndole subir a la escalera.

Tras unas cuantas palizas el mono desistió de coger el plátano, por lo que los científicos decidieron coger a otro de los tres monos iniciales restantes y cambiarlo por otro salvaje. Lo curioso no fue el que cuando este nuevo mono intentase coger el plátano le diesen una paliza los dos monos veteranos, sino que el primer mono de reemplazo los ayudaba con eso de los mamporros, sin saber el porqué, ni conocer ninguna descarga eléctrica.

Otras tantas palizas más tarde y nuevo mono acostumbrado a NO plátano, fueron cambiando uno a uno a los dos monos primeramente introducidos.

Al final resultó que en la habitación ya no quedaba ninguno mono que hubiese experimentado la dichosa descarga, pero el tema de las palizas se repetían cada vez que alguno hacía ademán de querer coger el plátano: se había convertido en una conducta social, pero ninguno conocía el motivo, el porqué.

¿Cuántas conductas sociales habremos heredado sin cuestionarlas?
¿Hasta dónde están nuestras decisiones desvinculadas de influencias sociales?

La verdad es que resulta una respuesta bastante difícil de responder, máxime cuando desde pequeños nuestro sistema natural de aprendizaje se basa en observar y repetir tantas veces como sea necesario. Creo que, igual que el pintor copia a otros artistas hasta que es capaz de desarrollar su estilo, cada persona debería olvidar lo anteriormente olvidado, desvincularse, tratar de encontrarse a sí mismo.

Ahora, contemplando el escote de esa chica, he decidido tomar ese camino, cuestionar todo cuanto me rodea. Ir por la vida como un mono cabrón que, por tratar de conocer el motivo, acabe electrocutando a los otros monos de reemplazo.

P.D. ¡¡¡Manda huevos!!! Empezar hablando de tetas y acabar hablando de monos (si Freud me hubiese conocido podría haber acabado odiando el psicoanálisis).

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