26/10/2005
¡Vaya un día de mierda!
Bonito comienzo para un “post“. A lo mejor se podría pensar que soy un grosero que se podría expresar de una manera más culta y refinada como: ¡Hoy ha sido un día nefasto!
Pues… NO!!!, para definir un día como hoy sólo se puede expresar así:
¡UN DÍA DE MIERDA!
Prácticas en aulas fantasmas a las ocho de la mañana por lo que he tenido que levantarme a las 6 para poder coger el autobús a tiempo (hasta las nueve de la noche no cogeré el de vuelta). Clases que se han ido sucediendo sin dejar ni media hora para comer en una cantina abarrotada. Donde hay que sumegirse en una batalla de codos para conseguir un trozo de pan duro con algo en medio (que quede claro que llamar algo a ese lomo es elogiar al minimalismo). Ahora a la ecuación sólo falta añadirle el cansancio acumulado de haber dormido cinco horitas, por culpa del ensayo de anoche, y se obtiene mi humor actual: rachas de mala leche alternadas con estados de apatía total.
Aún así, parece ser que es justo en estos días cuando más me sorprendo a mi mismo. Cuando en mi cabeza afloran los pensamientos más insólitos y subrealistas.
En mis idas y venidas a la biblioteca (lugar donde paso la mayor parte del tiempo en la universidad) cierto escote llamó mi atención. Y lo curioso ha sido que en vez de quedarme embelesado (lo frecuente en mi), ha sido la maquinaria del pensamiento (me refiero a con la que no solemos pensar habitualmente los hombres: el cerebro) lo que ha empezado a trabajar (y no imaginando situaciones, posturas ni fantasías eróticas, como más de uno se estará aventurando a comentar).
De repente he visto a esa chica (y a todas las chicas que alguna vez se han arreglado para sentirse más atractivas) y también he visto a toda la panda de moscones y babosos (términos muy utilizados por el sector femenino) que han tenido que soportar. Creo que he sufrido lo que Kant llama el Giro Copernicano (cambio de punto de vista de la realidad). Que no es ni más ni menos que ponerse en la piel del otro: piedra angular de empatía.
He recordado las raras veces que alguna parte de mi cuerpo se ha sentido deseada. Y también he recordado cómo me hizo sentir, desde gratamente halagado hasta incómodo, sucio, humillado.
Y es en ese momento cuando no he podido evitar hacerme unas preguntas:
- ¿Por qué no puedo (yo, y casi ningún hombre hetero) acercarme y hablar con ella sin forzar a que mi vista no se deslizase dos palmos por debajo de sus ojos?
- ¿Por qué el hecho de que ciertas partes de su cuerpo se muestren parcialmente me ha de parecer atractivo, si su esencia, su personalidad, no la conozco de nada?
- ¿Por qué, si sé que si la conociese y fuese una perfecta idiota, todo esa seducción y encanto se esfumaría igual que ha aparecido?(no sería la primera vez que me ocurriera)
/* La verdad es que leo lo anteriormente escrito y no me reconozco */
¿Hasta qué punto nos influye y nos afecta la sociedad? ¿Hasta qué punto interviene en nuestra educación, en nuestro comportamiento y nuestra forma de pensar y actuar?
Hará no mucho me comentaron un artículo que me sorprendió por sus implicaciones sociales. Un grupo de científicos había realizado un experimento. Habían encerrado a un grupo de cuatro monos en una sala con una escalera, y en lo alto de la misma, un plátano. El experimento consistía en que cada vez que un mono subía a coger el plátano, el resto de los que se quedaban abajo recibían una descarga eléctrica.
Al cabo de unas cuantas descargas, y el correspondiente aprendizaje mediante el método de prueba y ensayo, ninguno mono intentaba coger el plátano. Así que para putearlos más, y para que el experimento tuviese más aliciente cambiaron a uno de estos monos “educados” por otro “salvaje” (es decir, sin conocimiento acerca alguno de escalera+plátano=descarga).
En cuanto este mono se acercaba a la escalera, los otros tres “educados” le propinaban una soberana paliza impidiéndole subir a la escalera.
Tras unas cuantas palizas el mono desistió de coger el plátano, por lo que los científicos decidieron coger a otro de los tres monos iniciales restantes y cambiarlo por otro salvaje. Lo curioso no fue el que cuando este nuevo mono intentase coger el plátano le diesen una paliza los dos monos veteranos, sino que el primer mono de reemplazo los ayudaba con eso de los mamporros, sin saber el porqué, ni conocer ninguna descarga eléctrica.
Otras tantas palizas más tarde y nuevo mono acostumbrado a NO plátano, fueron cambiando uno a uno a los dos monos primeramente introducidos.
Al final resultó que en la habitación ya no quedaba ninguno mono que hubiese experimentado la dichosa descarga, pero el tema de las palizas se repetían cada vez que alguno hacía ademán de querer coger el plátano: se había convertido en una conducta social, pero ninguno conocía el motivo, el porqué.
¿Cuántas conductas sociales habremos heredado sin cuestionarlas?
¿Hasta dónde están nuestras decisiones desvinculadas de influencias sociales?
La verdad es que resulta una respuesta bastante difícil de responder, máxime cuando desde pequeños nuestro sistema natural de aprendizaje se basa en observar y repetir tantas veces como sea necesario. Creo que, igual que el pintor copia a otros artistas hasta que es capaz de desarrollar su estilo, cada persona debería olvidar lo anteriormente olvidado, desvincularse, tratar de encontrarse a sí mismo.
Ahora, contemplando el escote de esa chica, he decidido tomar ese camino, cuestionar todo cuanto me rodea. Ir por la vida como un mono cabrón que, por tratar de conocer el motivo, acabe electrocutando a los otros monos de reemplazo.
P.D. ¡¡¡Manda huevos!!! Empezar hablando de tetas y acabar hablando de monos (si Freud me hubiese conocido podría haber acabado odiando el psicoanálisis).
21/10/2005
Hoy la tristeza vuelva a ocupar mis ojos, miro lo que he sido, lo que he llegado a ser y me siento orgulloso. Pero hoy, como otros tantos fines de semana, la melancolía y el cansancio doblegan mi voluntad y vuelvo a caer en el recuerdo.
Cada fin de semana se repiten los mismos sueños, mis sentidos me traicionan, mi olfato se embriaga con su olor y mis oídos con su risa. Cada momento vivido junto a ella se convierte en imágenes que bombardean mi cabeza a modo de flashback, y casi 5 años de relación, de amor desmesurado dan para demasiados buenos y malos recuerdos. Pero como siempre pasa, al final, siempre queda lo bueno.
El recuerdo ya se ha convertido en ese cabrón que me visita los fines de semana (cuando dejo de pisar el acelerador para descansar), que se ha empeñado en no dejarme disfrutar del amargo dulzor del olvido.
Así que ya estoy en sobreaviso y me preparo, descubro mi pecho y noto como el Cabrón sumerge sus fauces y desgarra mi corazón. Conozco la sensación, después de estos meses es bastante familiar, ya lo he vivido, lo he superado y sé que lo volveré a hacer.
Dejo que los auriculares sean mi única compañía hasta que sea la hora de ver al resto para armarla bien gorda el sábado por la noche. Por mi cabeza se van sucediendo grupos como Tool, A Perfect Cricle, Pearl Jam y un largo etcétera, que golpean todo mi cuerpo a todo volumen (cuando aparece un tema de Los Piratas lo paso para tratar de no hundirme más, aunque sólo con oir los primeros acordes ya se desata lo inevitable).
Llegará el lunes y volveré a apretar el acelerador y todo eso quedará detrás y volveré a brillar con luz propia, orgulloso de mi, por haberlo superado y por disfrutar más que nunca de mi vida.
Pensaba dedicarte este “post” a ti, mi Princesa, tú que lo fuite todo para mi, que me dejaste abrasarme en mi propia pasión para acabar con un frío “ya no te quiero” que se vio silenciado por los labios de otro.
Pero han habido unas personas que siempre estuvieron allí, que se lo merecen . Esas personas que me ayudaron y me empujaron para sacarme del hoyo aún cuando yo no quería. Para mi familia, y para vosotros, Phoenix y er Killo porque sé que este año ha sido muy jodido. Porque os he visto sufrir y he llorado con vosotros igual que vosotros habéis llorado conmigo.
Este “post” es para vosotros.
P.D. No me olvido de vosotros, Santi, Pili, Rudy, Rod, Gabriel ni de otros tantos que tuvieron
unas palabras de ánimo.
Creo va siendo hora de subir más el volumen, aún oigo mis pensamientos.
Sonando: “Diary Of A LoveSong - A Perfect Circle”.
9/10/2005
Nuestra vida es un constante cambio, donde los opuestos se hallan enfrentados y tratando de encontrar el equilibrio vamos pasando de un extremo a otro.
Como siempre quieto, con mi mirada buscando el infinito sigo en mi puesto de observador contemplando lo que me rodea tratando de interferir lo menos posible. Pero alguien me dijo una vez: “vale más un gramo de acción que un kilo de buenas intenciones”. Y simplemente por eso empecé a escribir este blog. Aunque puede ser que el movimiento que esté iniciando ahora me lleve al otro extremo y empiece a actuar de sobremanera.
Pero no es ese cambio el que me asusta.
Hasta hace bien poco, y de hecho aún sigue, estábamos en una sociedad falocrática, donde el hecho de tener un cromosoma Y te daba ciertos privilegios. Por suerte, sucedió un cambio, y con éste, un movimiento. Y ahora ese cambio nos está llevando hacia el otro extremo. Cada vez más en sus vanos esfuerzos por tratar de alcanzar la igualdad, ciertas asociaciones feministas están levantando otros muros de desigualdades.
Ahora si alguien realmente está leyendo esto se preguntará el porqué digo vanos esfuerzos, ¿acaso no somos iguales? Pues como siempre, existe ambigüedad en nuestra igualdad. Un hombre y una mujer son distintos físicamente, en primer lugar por un cromosoma, en segundo porque funcionamos de manera distinta, no mucho, pero algo. Pero igualmente un hombre y una mujer son iguales, porque ambos son personas, individuos, con los mismos derechos y libertades y como no, ambos piensan y establecen sus propios juicios de valores.
Pues bien, ahora resulta que no puedo decir si una mujer u otra me atrae porque al hacerlo la estoy considerando como un objeto sexual. Las mujeres también se sienten atraídas por los hombres y no por expresarlo están traficando con sus cuerpos: ES LEY DE VIDA. Aunque he de reconocer que en ambos casos hay formas y formas de expresarlo y que algunas, repito, en AMBOS casos son ofensivas.
Y sigo, resulta que al usar el plural “padres” en vez de “padres y madres” estoy discriminando, cuando yo pensaba que ese plural ya englobaba todo el colectivo. Acaso en su obsesiva lucha contra el mismo falo que las hace disfrutar no estarán buscando demonios donde no lo hay (en ese caso que consulten con la Iglesia Católica que es una experta).
Me preocupa estar virando hacia una sociedad feminista. Me preocupa oir a personas que dicen ampararse en la lucha por la igualdad de sexos cosas como que los hombres son inferiores, estúpidos, bobos rudos, inútiles, que para lo único que sirven es para una noche de placer o para crear prole.
Hasta aquí, si alguien ha estado leyendo pensará que exagero que soy un predicador apocalíptico. Pero es que si lo digo es porque cada vez me encuentro con pequeñas cosas que me conducen a pensarlo.
El otro día en un momento de cansancio extremo me postré delante del televisor junto con el resto de mi familia para desconectar y que durante unos minutos me olvidase del mundo que me rodea. Así que aguanté incluso la publicidad y me encontré con el anuncio que menciona el Teleoperador y desde luego que no me dejó indiferente. En el anuncio se podía ver un hombre que abría un paquete de café mientras recitaba la tabla de multiplicar. A lo que una voz en “off” de mujer apuntaba:
- Enhorabuena hombres, ya podéis hacer dos cosas a la vez.
Ahora resulta que por ser hombre soy tonto, en primer lugar porque necesito recordar la tabla del uno cuando me levanto y en segundo porque mi naturaleza me predispone para no poder hacer varias cosas a la vez. Si eso fuese así no podría estar escuchando música mientras escribo estas líneas ni levantar la vista para deleitarme con la belleza del campus mientras mis dedos siguen tecleando estas palabras.
Coño!!! ¿Seré una excepción, un especimen único en mi especie, la evolución del hombre?
Puess…..
Parece ser que no, Phoenix también escucha música, incluso la canta mientras le da forma al proyecto web que tiene entre las manos.
¡Y anda! Hay uno que mientras trabaja con su portátil y escucha música se saca un moco.
¡¡¡¡DIOS!!!!! ¡¡¡¡¡¡VAYA UNA PERFECCIÓN DE COORDINACIÓN!!!! (sobre todo teniendo en cuenta que tiene el defecto de tener un cromosoma Y en vez de otro X).
Y dado que los medios de comunicación son los que mejor describen a nuestra sociedad ya que estamos influenciados por ellos citaré otro ejemplo, pero éste en la radio.
Se trataba de un programa de servicio público donde se hablaba de los pueblos de alrededor y de los actos sociales que en ellos acontecían:
- Se va a dar un curso de Supervivencia Doméstica para Hombres en el que se enseña a cocinar, planchar, limpiar y hacer pequeñas reparaciones y bordados. Es para todas las edades pero SÓLO PARA HOMBRES.
Vaya, otra vez, resulta que a ese curso sólo pueden acceder los hombres porque el hecho de nacer con un cromosoma Y les incapacita para cocinar. Si es que se te ve el plumero Arguiñano, tú antes te llamabas Manoli.
He de reconocer que el curso me pareció interesante pero no creo que por el hecho de ser hombre necesite aprender ciertas cosas de manera distinta que las mujeres.
- También se va a dar un curso de Arreglos de Carpintería SÓLO PARA MUJERES, para que ellas también puedan defenderse en las pequeñas chapuzas del hogar SIN DEPENDER DE NINGÚN HOMBRE.
Vaya ahora resulta que en mi cromosoma Y está incluída toda la información relativa al arte y manejo de la madera y por eso yo no necesitaría este curso.
Y la verdad es que es curioso, porque en mi caso soy un manazas con las chapuzas pero me desenvuelvo bastante bien en la cocina.
Y todo eso sin entrar a discutir acerca de la Ley Orgánica contra la violencia de genero donde el hombre queda excluído de manera explícita, bajo la bandera de la discriminación positiva (obviamente cualquier diferenciación es positiva para unos y negativa para los otros). Curiosamente a ningún político he oído decir que esa ley era anticonstitucional pese a que no nos hiciese iguales ante la ley independientemente de nuestra raza, sexo, religión o credo. Qué pasará cuando una mujer o un homosexual agredan a su pareja, pues que la víctima será discriminada positivamente por ser hombre , en fin, eso es IGUALDAD.
En conclusión y desactivando el modo sarcástico, diré que comprendo que es difícil la concienciación de igualdad cuando conviven generaciones y tradiciones sociales tan dispares como las que existe entre nuestros abuelos y nosotros. Pero si de verdad queremos acabar con la desigualdad tendremos que asumir que hombres y mujeres no somos iguales y sobretodo, olvidar de nuestro vocabulario palabras como SÓLO PARA.
5/10/2005
Hace pocas lunas fue el primer día de universidad y allí estaba yo, de nuevo, después de casi 5 años dispuesto a retomar la tortuosa carrera de informática. Bueno eso de retomar es relativo, retomar sería si alguna vez la huebiera tomado, así que dejémoslo en que a mis 23 años me consideraba con la suficiente madurez como para afrontar seriamente una INGENIERÍA.
El día no pudo empezar peor: me quedé dormido (me encantaría conocer a alguien que no se quedase dormido en un día importante, como el primer día en un curro nuevo), así que me tocó asaltar el autobús, cual homenaje a Curro Jiménez interponiéndome entre la mole y su destino (aún doy gracias que el conductor se hubiese tomado esa mañana sus tres carajillos para estar espabilado). Acto seguido, corazón en la boca, cartera en mano tratando de buscar la identificación y monedas rodando por todo el suelo de autobús, y el conductor tratando de afinar su gracia recordándome que el autobús no tenía parada allí. En eso quedó mi entrada triunfal, mi vuelta al templo del saber. En un chaval sudoroso y fatigado recogiendo un montón de céntimos esparcido por el suelo como su ego.
Durante el transcurso de la ida, algo más de 50 km. traté de unir esos pedacitos para reconfortarme mientras trataba de imaginar hasta dónde podría aguantar la monotonía de 3 años realizando el mismo trayecto y observando las mismas caras.
En el periodo que hay entre preinscripción y comienzo de clases había tratado de prepararme para todo, a nivel físico, mental y sobre todo mucha concienciación, aunque eso de repetirse delante del espejo: estudia, estudia, estudia, estudia, estudia…. o la mañida frase de: “Este año me lo voy a tomar en serio desde el principio“, creo que entrarían dentro del rango de la obsesión.
Pero me topé con algo que dio al traste con todas mis pretensiones, mis horas de auto-hipnosis, de meditación, mis aires de “abranpasoquemevoyacomerelmundo“. Me encontré con el principal problema con el que se topa la concentración desde que el hombre es hombre y Dios le dio sexualidad: LA MUJER (seguro que por mencionar esto se me echan encima las asociaciones pro-feministas, aunque para estas tengo reservado un post exclusivito para ellas). En fin, retomando el hilo del asunto, realmente no estaba preparado para aquello: rubias, morenas, castañas, incluso pelirrojas (sí, naturales). El color de pelo daba igual, habían inglesas, francesas, suecas, brasileñas, italianas, hindúes y como no españolas, un auténtico crisol de belleza que hubiese hecho enrojecer de vergüenza a Miss Mundo (desde luego que soy incapaz de comprender a los racistas, no saben lo que se pierden). Aquello no eran mujeres, eran obras de arte esculpidas por unas manos más habilidosas que las de Miguel Ángel al esculpir su David.
SÍÍÍÍ!!!!! Dios existe y se manifiesta a través de su obra.
Mis ojos no podían contemplar tanta belleza. Lágrimas inundando mi alrededor, mandíbula desencajada rozando el suelo y mi espalda encorvada para tratar de soportar con cierto equilibrio el mochilón con el portátil. No me extraña que con esas pintas huyese despavoridamente de mi alrededor. Por eso considero que creo que debo retractarme frente a toda aquella que se pudo sentir ofendida y tratar de no granjearme una fama de maníaco sexual.
Siempre he disfrutado de la belleza pero no me creo capaz de definirla. Considero que la belleza está en los ojos del que mira. Me quedo embelesado con un atardecer, en la combinación de los colores, en el contraste que genera un flor que sobrevive en mitad de la ciudad, o con “La Noche Estrellada” de Van Gogh, pero para mi, no creo que exista mayor belleza que en una mujer y me encanta admirarla lentamente, deteniéndome en cada detalle, empezar por su rostro y recorrerla lentamente. Lo primero los ojos, el espejo del alma, necesito sentir la luz de su mirada, si no la veo, me vuelvo perezoso y convierto mi contemplación en un vistazo rápido, tratando de encontrar ese algo inexplicable que me haga perder la cabeza. Si en el momento que la miro a los ojos se da cuenta y me devuelve la mirada ya sea tierna o arrebatadora caeré fulminado en ese instante y tendrá para siempre un hueco en mi corazón: así de enamoradizo soy yo.
A continuación bajo la vista hasta los labios, el color, la forma, como se curvan a la hora de hablar. Sigo un recorrido natural en torno al perfil de su rostro y me detengo en su barbilla para dirigirme a su cuello, el nexo que hay entre su belleza natural por ser mujer y su belleza personal, es decir, lo que tiene en el cerebro. Para mi el cuello es una parte muy importante de la mujer ya que es lugar por el que me abro camino hasta su sexualidad, su debilidad, donde a veces con un simple suspiro puedes desencadenar una terrible pasión. Y mi vista, como si mi boca se tratase, trata de bajar, de encontrar la clavícula, los hombros, la perfección de sus senos y seguir bajando hasta el ombligo, y desviar lateralmente a su cintura para luego tratar de admirar su figura al completo. La verdad es que estoy releyendo lo anteriormente escrito y creo que no estoy solventando nada. Pero así, soy yo, adoro la belleza y no busco con ella ninguna excitación sexual, para mi una mujer simboliza eso admiración y belleza.
Bueno, creo que estoy desvariando, estos días de Campus me han dejado loco con tanta alteración y es que en mi caso, como diría mi amigo er Killo: “Las hormonas han dado un golpe de estado en mi cerebro“. Poco queda ya que contar de ese primer día salvo las risas que nos echamos Phoenix y yo y la cantidad de burradas que se nos pasaron por la cabeza ante aquel panorama.